miércoles, 24 de febrero de 2016

Juan Moreira - Eduardo Gutierrez




Juan Moreira

Eduardo Gutierrez

(Publicada en el diario La Patria Argentina,
entre noviembre de 1879 y enero de 1880)

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Moreira llegó a asimilarse de tal modo al doctor Alsina, que se había convertido en la sombra de su cuerpo y en el eco de su pisada.

De día, no lo abandonaba un momento; de noche, tendía su recado en el patio, a la puerta del aposento del niño y dormitaba allí velándole el sueño.

Cuando el peligro pasó, cuando la situación de Buenos Aires quedó en estado normal, ya los servicios de Moreira fueron innecesarios y el paisano quiso volver a su pago a atender sus intereses abandonados tanto tiempo y juntar sus animalitos, que andarían dispersos por los campos vecinos.

El doctor Alsina hizo todo género de ofertas a Moreira para que se quedara en el pueblo a trabajar y conservarlo así a su lado, pero todo fue inútil.

El paisano se sofocaba en la ciudad y necesitaba volver a los trabajos de campo, donde lo llamaban su inclinación y sus hábitos.

Viendo que todo esfuerzo sería inútil, el doctor Alsina le proporcionó un pasaje y lo despidió, dándole una suma de dinero en agradecimiento de sus servicios.

A la vista del dinero Moreira palideció y una lágrima, arrancada por el sentimiento, fue a perderse trémula y silenciosa entre la naciente barba.

El doctor Alsina, comprendiendo lo que pasaba por aquel espíritu noble, retiró con presteza el dinero, al mismo tiempo que el paisano decía con acento conmovido:

"No me ofenda, patrón; si yo lo he servido ha sido porque en ello he tenido gusto, y no merezco esa ofensa, porque me hace doler el corazón".

El doctor Alsina, profundamente impresionado por este rasgo de nobleza, tendió primero su mano al paisano, y lo estrechó después entre sus brazos.

El paisano se enterneció lleno de orgullo al sentir íntimamente la presión de aquel abrazo, levantó la hermosa cabeza iluminada por la emoción que saltaba a sus ojos magníficos y se separó del doctor Alsina diciéndole:

"Si alguna vez me cree útil, si mi cuerpo puede servirle alguna vez de defensa, mándeme avisar nomás, patrón, que yo vendre aunque sea del fin del mundo; disponga de mi vida sin embozo, porque desde hoy soy cautivo de sus prendas".

El paisano se alejó rápidamente y el doctor Alsina quedó meditando en la nobleza de esta raza desheredada de todo derecho, cuyo único porvenir es el puñal y los atrios electorales o los cuerpos de línea al eterno servicio de las fronteras.

Fue entonces que el doctor Alsina compró el caballo más magnífico que halló en Buenos Aires y lo envió a Moreira con una lujosa daga.

Era el famoso overo bayo que llegó a ser el crédito y el orgullo del paisano, y la daga que tan terriblemente esgrimía.

Aquel caballo representaba para él su seguridad personal y el recuerdo de aquel hombre por quien se hubiera hecho matar cien veces sin escrúpulo ni pesar.

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Concluida la historia de Moreira con que adornamos nuestros folletines, vino a nuestro poder la daga de aquel paisano legendario, que conservaba el señor Melitón Rodríguez como una verdadera pieza de museo.

La daga de Moreira, con la que llevó a cabo tanta hazaña verdaderamente asombrosa, es un arma que en nada se parece a la de este nombre que usan la generalidad de nuestros paisanos.

Esta arma, cuya hoja es de un completo temple toledano, está entre la daga y el sable: mide ochenta y cuatro centímetros de largo, contando su empuñadura, y sesenta y tres centímetros su hoja sola.

El ancho de la hoja tiene cerca de la empuñadura como cuatro centímetros y disminuye gradualmente a medida que se aproxima a la punta, hecha, como su filo destruido ya, con una lima.

La empuñadura de plata maciza, con algunas incrustaciones de oro y llena de delicada obra de cincel, pesa 25 onzas; la forma de esta empuñadura es digna de estudio, pues a ella sin duda debe Moreira la rara suerte de no haber sido herido nunca de hacha.

La S con que los paisanos adornan las empuñaduras de sus dagas, les sirve para proteger su mano derecha de los golpes de hacha que con tanta maestría barajan.

Esta S hace converger todos los golpes de hacha en su parte saliente, pero en su parte entrante es fácil, muy fácil, que los hachazos resbalen, yendo a herir el pecho del que la esgrime.

Moreira había corregido este defecto con increíble suspicacia, colocando en su daga una gran U, en vez de la S vulgar. De este modo había resuelto el problema de hacer converger a la curva de la U todos los golpes de hacha, sin riesgo de su cabeza, de su pecho y de su mano, aunque exponiendo a la fuerza de los mismos hachazos a la U, que se ve rota y soldada en varios puntos.

El filo de esta arma curiosa bajo todo respecto está lleno de melladuras, una de las cuales penetra como una línea en el centro de la hoja, y que el capitán Varela supone ser un hachazo que él le tiró en la última lucha que sostuvo aquel hombre excepcional, y que paró con aquella parte del filo de la daga, golpe en que se quebró su propia espada.

Conociendo el peso y las dimensiones de esta arma, se puede calcular la prodigiosa fuerza muscular de aquel hombre, que sin la menor fatiga combatía con ella tan largos intervalos de tiempo.

Esta daga es la que usó Moreira, por lujo primero, y por necesidad después, siendo la misma que le regalara Adolfo Alsina, y a la que él no hizo otra modificación que la de la S cuando confió a ella sola la defensa de su vida.

La daga de Moreira es digna de figurar en un museo al lado de la espada del Cid o cualquiera otra arma histórica que simbolice un brazo de extraordinaria pujanza y un corazón de un temple espartano.
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Noticia histórica

La famosa daga de Juan Moreira

(Diario La Nación, 21 de diciembre del 2002)


La más famosa de las armas blancas criollas es la legendaria "daga" que fue propiedad del gaucho Juan Moreira. Desde el punto de vista técnico, esta impresionante arma es en realidad un "facón", ya que posee una importante defensa o "gavilán" y una hoja de un solo filo.

Además, teniendo en cuenta sus grandes y poco usuales dimensiones, podríamos clasificarlo como un "facón caronero" una variante del facón que por su tamaño se acostumbraba a llevar entre las dos caronas de cuero del recado.

Sin embargo, según afirman testimonios de la época, a pesar del tamaño de su arma favorita, Moreira la portaba en la cintura, a su espalda y cruzada, tal como era la costumbre generalizada con facones más cortos.

La daga de plata

Habiendo ya aclarado que la "daga" es en realidad un formidable facón, digamos que el arma de Moreira, le fue obsequiada por Adolfo Alsina hacia 1866, junto con un hermoso caballo.

La daga poseía la empuñadura de plata sencillamente cincelada (Gutiérrez afirma que poseía incrustaciones de oro, pero en la pieza no se advierte que sea cierto que alguna vez las tuviese).

Originalmente, cuando le fue obsequiada, su defensa o guarda tenía la forma de una "S", que Moreira hizo modificar por otra en forma de "U" invertida, convencido de que de esa manera le serviría mejor para poder "abarajar" o parar los "hachazos" de un adversario.

La hoja, que posee una apenas perceptible curvatura, tiene un solo filo y vaceos laterales, y fue obtenida de un sable de marca desconocida, ya que al examinar la pieza no se advierten cuños o marcas del fabricante. La aseveración de Eduardo Gutiérrez sobre que la hoja es "de un completo temple toledano" no tiene basamento técnico alguno, excepto la notable flexibilidad de la misma. El arma pesa 740 gramos y mide en total 84 centímetros, de los cuales 63 corresponden a su hoja, y el resto a la empatilladura y empuñadura, lo cual nos da una idea de la fortaleza y habilidad de Moreira para emplearla.

En la actualidad, la "daga" original se conserva y exhibe en el Museo y Biblioteca Juan D. Perón, de la Ciudad de Lobos (Prov. de Buenos Aires).

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Glosario

Adolfo Alsina: Adolfo Alsina (Buenos Aires, 4 de enero de 1829 - Carhué, 29 de diciembre de 1877) fue un jurisconsulto y político argentino, fundador del Partido Autonomista en 1862, gobernador de la Provincia de Buenos Aires (1866-1868), vicepresidente de la República Argentina durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), miembro fundador del Partido Autonomista Nacional y Ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda (Wikipedia).

Cid: Es una figura histórica y legendaria de la Reconquista Española, cuya vida inspiró el más importante cantar de gesta de su literatura, el Cantar de mío Cid. Ha pasado a la posteridad como "el Campeador" (experto en batallas campales) o "el Cid" (del árabe dialectal: sidi, "señor").

cincel: Se denomina cincel, palabra proveniente del Latín scindere, a una herramienta manual diseñada para cortar, ranurar o desbastar material en frío mediante el golpe con un martillo adecuado. El filo de corte se puede deteriorar con facilidad, por lo que es necesario un reafilado (Wikipedia)

daga: La daga es un arma blanca de lámina aplanada y remate agudo. Es más larga que un puñal y más corta que una espada. Suele poseer doble filo y guarda para proteger el puño. Se la utilizaba como arma secundaria, complementando a la espada. También solían llevarlas las mujeres como protección (Wikipedia)

Eduardo Gutierrez: Eduardo Gutiérrez (Buenos Aires, 15 de julio de 1851 - Buenos Aires, 2 de agosto de 1889) fue un escritor argentino que se destacó por sus obras de contenido histórico, costumbrista y gauchesco. Su novela más importante fue Juan Moreira, escrita en el año 1880. Esta obra adquirió gran popularidad y fue llevada al circo criollo, el teatro, el cine y la historieta. Entre sus otros libros notables figuran Hormiga Negra, Santos Vega y Juan Cuello (Wikipedia).

Juan Moreira: Es un personaje histórico que ha sobrevivido en el folclore popular, adquiriendo ribetes casi legendarios. Nació en 1829 en el partido bonaerense de San José de Flores (hoy barrio de Flores) y vivió desde niño en el Partido de La Matanza.  Halló la muerte el 30 de abril de 1874 en la Ciudad de Lobos (Wikipedia).

onza: Medida de peso que equivale a 28,70 gramos.

sable: Arma blanca parecida a la espada pero con la hoja algo curvada y afilada por un lado.

temple: El templado es un tratamiento térmico que se emplea para incrementar la dureza de las aleaciones de hierro (Wikipedia).

vaceo: El vaceo, vacio o fuller, es la ranura o acanaladura que corre por los laterales centrales de la hoja de un arma blanca. El vaceo de la hoja permite conservar su fuerza y contribuye a su estética.

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martes, 23 de febrero de 2016

Crimen y Justicia - Fernando Soriano (Caso Dr. Villar Cataldo)



Crimen y Justicia

Por Fernando Soriano

(Infobae, 25 de abril de 2019)


Lino Villar Cataldo escuchó la frase "no culpable" cruzado de piernas sentado sobre "la silla del acusado". En ese mismo instante a sus espaldas el estruendo de aplausos y un grito de "¡justicia!" de su hermano Jorge rompió la tensión que se había generado cuando los 12 ciudadanos que integraron el jurado entraron a la sala y la mujer que fue designada presidenta leyó la decisión que lo absolvía de la culpa y el cargo de haber asesinado de cuatro tiros a Ricardo Krabler (24), quien había intentado robarle su auto hace tres años en la puerta de su casa de Loma Hermosa.

Minutos después salía por la puerta trasera de los Tribunales de San Martín junto a su esposa custodiado por policías bonaerenses que, al encontrarse con una guardia de fotorreporteros le sugirieron al médico: "Sonría, doctor, abrace a su esposa, dele un beso". Y Villar Cataldo hizo caso. Ya era hombre libre.

Después de un largo proceso judicial, el médico nacido en Paraguay hace 65 años puede recuperar su vida normal gracias al respaldo que le dio el jurado. Después de cuatro días de juicio, de escuchar peritos, testigos, alegatos de las partes y las últimas palabras del acusado, estos seis hombres y seis mujeres elegidos por sorteo se encerraron a deliberar y, por el tiempo que tardaron en tomar la decisión, no tuvieron muchas dudas.

En una hora y media, lo que significa 30 minutos abajo del tiempo promedio registrado en deliberaciones de jurados desde que esta modalidad se activó en la Provincia de Buenos Aires, comunicaron su decisión.

Optaron por la posición de la defensa de Villar Cataldo, comandada por Diego Szpiegel, que era la absolución, y no consideraron el homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, que propuso la querella, ni el homicidio simple agravado con exceso de legítima defensa, que entendió la fiscal Noemí Carreira.

La representante del Ministerio Público de la Provincia sorprendió porque cambió la acusación sobre la que había trabajado para llegar al juicio su colega de instrucción Diana Mayko, quien había elevado la causa con una imputación al médico por homicidio simple.

Para muchos de los abogados que siguieron el juicio y la causa y que ayer presenciaron el veredicto, lo de Carreira fue "increíble". "Lo acusó por un delito muy menor que podría haberlo hecho cumplir la pena en su casa", explicaba sorprendido un viejo habitante de los Tribunales de San Martín.

El movimiento se interpretó en base a tres variantes: que la fiscal de juicio no encontró pruebas para acusar de homicidio simple a Villar Cataldo, que reconoce que se defendió de manera exagerada, por lo cual invalidaría todo el trabajo de Mayko, o que "le tiraron una gran soga al médico invitando al jurado a que tomen una decisión sin tanta presión". Quizá porque veían venir que el humor popular apuntaba a un respaldo de la acción del acusado.

Szpiegel trabajó bien la defensa de su cliente. Lo preparó para conmover y empatizar con el jurado (si es que era necesario, ya que el caso fue muy mediático y probablemente todos tuvieran ya un preconcepto sobre los hechos, algo que contradice el espíritu del reglamento de los juicios por jurado). En su alegato incluso les habló de "vos" a los 12 ciudadanos.

"La propia fiscalía ya abandonó la figura del homicidio simple porque se dio cuenta de que no hubo intención. Lino reaccionó como pudo. Acá te quieren convencer de que ocurrió algo que no pasó. El sentido común es lo que debe primar en ustedes. La certeza de que se haya excedido no existe. Acá cada uno eligió dónde estar. Lino trabajando y el otro robando", dijo el defensor del médico en su alegato, de frente al jurado, mientras Villar Cataldo lloraba y se secaba sus lágrimas.

Lo cierto es que por reglamento el jurado no debe basarse en el sentido común, como pidió Szpiegel. "Yo soy la jueza de derecho y ustedes son los jueces de los hechos", les dijo la magistrado Carolina Martínez, y les advirtió que debían evitar considerar sus propios "miedos, parcialidad, prejuicios y lástima".

"Yo sé que la acción de Krabler les puede causar rechazo y puedan sentir empatía por Villar Cataldo pero esto no es un concurso de empatías. La pregunta de fondo es ¿qué valor le damos a la vida? ¿Vamos a andar a los tiros como en el far west?", les había pedido Juan Carlos Maggi, abogado querellante en su alegato.

A pesar de que los testimonios de los peritos oficiales del juicio respecto de los disparos que ejecutó el médico sobre el ladrón contradijeron la versión inicial del imputado y lo comprometieron frente al caso, el jurado decidió que ni siquiera hubo exceso en la legítima defensa. Los especialistas aseguraron que le disparó cuatro veces de pie, y que las balas entraron al cuerpo de Krabler "de arriba abajo".

Villar Cataldo había relatado infinidad de veces que había disparado desde el suelo para defenderse de una amenaza. En el juicio también se comprobó que el ladrón no tenía un arma de verdad, que era un pistolón sin gatillo, y que al momento de ser asesinado él no empuñaba la falsa arma, porque se había sentado encima. Del lado de Szpiegel dicen que la escena del crimen no se protegió y que todo fue manoseado por "vecinos y policías".

Para Silvia, la mamá del ladrón asesinado, "todo estaba acomodado". En una charla con Infobae posterior al veredicto consideró que el jurado no se puso en su lugar. "Ojalá ellos nunca tengan que pasar por lo que pasé y que tengan que estar en mi lugar. A mí también me roban en el barrio pero yo no mato a nadie, vengo a resolver las cosas a la Justicia", dijo con frustración y enojo.

A esa altura, Villar Cataldo salía junto a su esposa por la parte de atrás de Tribunales. Se iba libre. La estrategia de su defensa, que contó con el apoyo de la ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, quien aseguró que el Estado protegería al médico, había dado resultado.

"Pido disculpas por este momento en el que hay un muerto pero a este muerto no lo busqué. Me parece increíble estar en esta circunstancia. Estoy destruido, mi familia está destruida. Sé que hay una persona muerta y me causa dolor, porque mi vocación siempre fue velar porque hubiera vida", dijo el médico, casi tres años después de haber descargado cuatro tiros de una Bersa 9 milímetros sobre un ladrón que hoy no puede contar su parte de la historia.

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