Crimen y Justicia
Por Fernando
Soriano
(Infobae, 25 de
abril de 2019)
Lino Villar Cataldo escuchó la
frase "no culpable" cruzado de piernas sentado sobre "la silla
del acusado". En ese mismo instante a sus espaldas el estruendo de
aplausos y un grito de "¡justicia!" de su hermano Jorge rompió la
tensión que se había generado cuando los 12 ciudadanos que integraron el jurado
entraron a la sala y la mujer que fue designada presidenta leyó la decisión que
lo absolvía de la culpa y el cargo de haber asesinado de cuatro tiros a Ricardo
Krabler (24), quien había intentado robarle su auto hace tres años en la puerta
de su casa de Loma Hermosa.
Minutos después salía por la
puerta trasera de los Tribunales de San Martín junto a su esposa custodiado por
policías bonaerenses que, al encontrarse con una guardia de fotorreporteros le
sugirieron al médico: "Sonría, doctor, abrace a su esposa, dele un
beso". Y Villar Cataldo hizo caso. Ya era hombre libre.
Después de un largo proceso
judicial, el médico nacido en Paraguay hace 65 años puede recuperar su vida
normal gracias al respaldo que le dio el jurado. Después de cuatro días de
juicio, de escuchar peritos, testigos, alegatos de las partes y las últimas
palabras del acusado, estos seis hombres y seis mujeres elegidos por sorteo se
encerraron a deliberar y, por el tiempo que tardaron en tomar la decisión, no
tuvieron muchas dudas.
En una hora y media, lo que
significa 30 minutos abajo del tiempo promedio registrado en deliberaciones de
jurados desde que esta modalidad se activó en la Provincia de Buenos Aires,
comunicaron su decisión.
Optaron por la posición de la
defensa de Villar Cataldo, comandada por Diego Szpiegel, que era la absolución,
y no consideraron el homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, que
propuso la querella, ni el homicidio simple agravado con exceso de legítima
defensa, que entendió la fiscal Noemí Carreira.
La representante del Ministerio
Público de la Provincia sorprendió porque cambió la acusación sobre la que
había trabajado para llegar al juicio su colega de instrucción Diana Mayko,
quien había elevado la causa con una imputación al médico por homicidio simple.
Para muchos de los abogados que
siguieron el juicio y la causa y que ayer presenciaron el veredicto, lo de
Carreira fue "increíble". "Lo acusó por un delito muy menor que
podría haberlo hecho cumplir la pena en su casa", explicaba sorprendido un
viejo habitante de los Tribunales de San Martín.
El movimiento se interpretó en
base a tres variantes: que la fiscal de juicio no encontró pruebas para acusar
de homicidio simple a Villar Cataldo, que reconoce que se defendió de manera
exagerada, por lo cual invalidaría todo el trabajo de Mayko, o que "le
tiraron una gran soga al médico invitando al jurado a que tomen una decisión
sin tanta presión". Quizá porque veían venir que el humor popular apuntaba
a un respaldo de la acción del acusado.
Szpiegel trabajó bien la defensa
de su cliente. Lo preparó para conmover y empatizar con el jurado (si es que
era necesario, ya que el caso fue muy mediático y probablemente todos tuvieran
ya un preconcepto sobre los hechos, algo que contradice el espíritu del
reglamento de los juicios por jurado). En su alegato incluso les habló de
"vos" a los 12 ciudadanos.
"La propia fiscalía ya
abandonó la figura del homicidio simple porque se dio cuenta de que no hubo
intención. Lino reaccionó como pudo. Acá te quieren convencer de que ocurrió
algo que no pasó. El sentido común es lo que debe primar en ustedes. La certeza
de que se haya excedido no existe. Acá cada uno eligió dónde estar. Lino
trabajando y el otro robando", dijo el defensor del médico en su alegato,
de frente al jurado, mientras Villar Cataldo lloraba y se secaba sus lágrimas.
Lo cierto es que por reglamento
el jurado no debe basarse en el sentido común, como pidió Szpiegel. "Yo
soy la jueza de derecho y ustedes son los jueces de los hechos", les dijo
la magistrado Carolina Martínez, y les advirtió que debían evitar considerar
sus propios "miedos, parcialidad, prejuicios y lástima".
"Yo sé que la acción de
Krabler les puede causar rechazo y puedan sentir empatía por Villar Cataldo
pero esto no es un concurso de empatías. La pregunta de fondo es ¿qué valor le
damos a la vida? ¿Vamos a andar a los tiros como en el far west?", les
había pedido Juan Carlos Maggi, abogado querellante en su alegato.
A pesar de que los testimonios de
los peritos oficiales del juicio respecto de los disparos que ejecutó el médico
sobre el ladrón contradijeron la versión inicial del imputado y lo
comprometieron frente al caso, el jurado decidió que ni siquiera hubo exceso en
la legítima defensa. Los especialistas aseguraron que le disparó cuatro veces
de pie, y que las balas entraron al cuerpo de Krabler "de arriba
abajo".
Villar Cataldo había relatado
infinidad de veces que había disparado desde el suelo para defenderse de una
amenaza. En el juicio también se comprobó que el ladrón no tenía un arma de
verdad, que era un pistolón sin gatillo, y que al momento de ser asesinado él
no empuñaba la falsa arma, porque se había sentado encima. Del lado de Szpiegel
dicen que la escena del crimen no se protegió y que todo fue manoseado por
"vecinos y policías".
Para Silvia, la mamá del ladrón
asesinado, "todo estaba acomodado". En una charla con Infobae
posterior al veredicto consideró que el jurado no se puso en su lugar.
"Ojalá ellos nunca tengan que pasar por lo que pasé y que tengan que estar
en mi lugar. A mí también me roban en el barrio pero yo no mato a nadie, vengo
a resolver las cosas a la Justicia", dijo con frustración y enojo.
A esa altura, Villar Cataldo
salía junto a su esposa por la parte de atrás de Tribunales. Se iba libre. La
estrategia de su defensa, que contó con el apoyo de la ministra de Seguridad
nacional, Patricia Bullrich, quien aseguró que el Estado protegería al médico,
había dado resultado.
"Pido disculpas por este
momento en el que hay un muerto pero a este muerto no lo busqué. Me parece
increíble estar en esta circunstancia. Estoy destruido, mi familia está
destruida. Sé que hay una persona muerta y me causa dolor, porque mi vocación
siempre fue velar porque hubiera vida", dijo el médico, casi tres años
después de haber descargado cuatro tiros de una Bersa 9 milímetros sobre un
ladrón que hoy no puede contar su parte de la historia.
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