jueves, 31 de diciembre de 2015

Martín Fierro y El Moreno - José Hernández



José Hernández

La vuelta de Martín Fierro

Payada Martín Fierro y El Moreno



MARTÍN FIERRO

   Toda tu sabiduría
has de mostrar esta vez.
Ganarás sólo que estés
en vaca con algún santo.
La noche tiene su canto
y me has de decir cuál es.

EL MORENO

   No galope que hay augeros,
le dijo a un guapo un prudente.
Le contesto humildemente,
la noche por cantos tiene
esos ruidos que uno siente.
sin saber de dónde vienen.

   Son los secretos misterios
que las tinieblas esconden.
Son los ecos que responden
a la voz del que da un grito,
como un lamento infinito
que viene no sé de dónde.

   A las sombras sólo el Sol
las penetra y las impone.
En distintas direciones
se oyen rumores inciertos,
son almas de los que han muerto
que nos piden oraciones.

MARTÍN FIERRO

   Moreno, por tus respuestas
ya te aplico el cartabón,
pues tenés desposición
y sos estruido de yapa.
Ni las sombras se te escapan
para dar esplicación.
 
  Pero cumple su deber
el leal diciendo lo cierto.
Y por lo tanto te alvierto
que hemos de cantar los dos,
dejando en la paz de Dios
las almas de los que han muerto.

   Y el consejo del prudente
no hace falta en la partida.
Siempre ha de ser comedida
la palabra de un cantor.
Y aura quiero que me digas 4220
de dónde nace el amor.

EL MORENO

   A pregunta tan escura
trataré de responder,
aunque es mucho pretender
de un pobre negro de Estancia,
mas conocer su inorancia
es principio del saber.

   Ama el pájaro en los aires
que cruza por donde quiera,
y si al fin de su carrera
se asienta en alguna rama,
con su alegre canto llama
a su amante compañera.

   La fiera ama en su guarida,
de la que es rey y señor,
allí lanza con furor
esos bramidos que espantan,
porque las fieras no cantan,
las fieras braman de amor.

   Ama en el fondo del mar
el pez de lindo color.
Ama el hombre con ardor,
ama todo cuanto vive.
De Dios vida se recibe
y donde hay vida, hay amor.

MARTÍN FIERRO

   Me gusta negro ladino
lo que acabás de esplicar.
Ya te empiezo a respetar
aunque al principio me rey.
Y te quiero preguntar
lo que entendés por la ley.

EL MORENO

   Hay muchas dotorerías
que yo no puedo alcanzar.
Dende que aprendí a inorar
de ningún saber me asombro.
Mas no ha de llevarme al hombro
quien me convide a cantar.

   Yo no soy cantor ladino
y mi habilidad es muy poca.
Mas cuando cantar me toca
me defiendo en el combate
porque soy como los mates,
sirvo si me abren la boca.

   Dende que elige a su gusto
lo más espinoso elige.
Pero esto poco me aflige
y le contesto a mi modo.
La ley se hace para todos
mas sólo al pobre le rige.

   La ley es tela de araña
en mi inorancia lo esplico,
no la tema el hombre rico,
nunca la tema el que mande,
pues la ruempe el vicho grande
y sólo enrieda a los chicos.

   Es la ley como la lluvia
nunca puede ser pareja,
el que la aguanta se queja.
Pero el asunto es sencillo,
la ley es como el cuchillo
no ofiende a quien lo maneja.

   Le suelen llamar espada
y el nombre le viene bien.
Los que la gobiernan ven
a dónde han de dar el tajo.
Le cai al que se halla abajo
y corta sin ver a quién.

   Hay muchos que son dotores
y de su cencia no dudo.
Mas yo soy un negro rudo
y, aunque de esto poco entiendo,
estoy diariamente viendo
que aplican la del embudo.

MARTÍN FIERRO

   Moreno, vuelvo a decirte:
ya conozco tu medida
has aprovechao la vida
y me alegro de este encuentro.
Ya veo que tenes adentro
capital pa esta partida.

   Y aura te voy decir,
porque en mi deber está
y hace honor a la verdá,
quién a la verdá se duebla,
que sos por juera tinieblas
y por dentro claridá.

   No ha de decirse jamás
que abusé de tu pacencia.
Y en justa correspondencia,
si algo queres preguntar
podes al punto empezar,
pues ya tenes mi licencia.

EL MORENO

   No te trabes lengua mía,
no te vayas a turbar.
Nadie acierta antes de errar,
y aunque la fama se juega
el que por gusto navega
no debe temerle al mar.

   Voy a hacerle mis preguntas
ya que a tanto me convida,
y vencerá en la partida
si una esplicación me da
sobre el tiempo y la medida,
el peso y la cantidá.

   Suya será la vitoria
si es que sabe contestar.
Se lo debo declarar
con claridá, no se asombre,
pues hasta aura ningún hombre
me lo ha sabido esplicar.

   Quiero saber y lo inoro,
pues en mis libros no está,
y su repuesta vendrá
a servirme de gobierno,
para qué fin el Eterno
ha criado la cantidá.

MARTÍN FIERRO

   Moreno te dejás cair
como carancho en su nido;
ya veo que sos prevenido,
mas también estoy dispuesto.
Veremos si te contesto
y si te das por vencido.

   Uno es el sol, uno el mundo,
sola y única es la luna,
ansí han de saber que Dios
no crió cantidá ninguna.

El ser de todos los seres
sólo formó la unidá,
lo demás lo ha criado el hombre
después que aprendió a contar.

EL MORENO

   Veremos si a otra pregunta
da una respuesta cumplida.
El ser que ha criado la vida
lo ha de tener en su archivo,
ma yo inoro qué motivo
tuvo al formar la medida.

MARTÍN FIERRO

   Escuchá con atención
lo que en mi inorancia arguyo:
la medida la inventó
el hombre, para bien suyo.

Y la razón no te asombre,
pues es fácil presumir.
Dios no tenía que medir
sino la vida del hombre.

EL MORENO

   Si no falla su saber
por vencedor lo confieso.
Debe aprender todo eso
quien a cantar se dedique.
Y aura quiero que me esplique
lo que sinifica el peso.

MARTÍN FIERRO

   Dios guarda entre sus secretos
el secreto que eso encierra,
y mandó que todo peso
cayera siempre a la tierra.

Y sigún compriendo yo,
dende que hay bienes y males,
fue el peso para pesar
las culpas de los mortales.

EL MORENO

   Si responde a esta pregunta
tengasé por vencedor.
Doy la derecha al mejor,
y respóndame al momento:
¿Cuándo formó Dios el tiempo
y por qué lo dividió?

MARTÍN FIERRO

   Moreno, voy a decir,
sigún mi saber alcanza:
el tiempo sólo es tardanza
de lo que está por venir.
No tuvo nunca principio
ni jamás acabará,
porque el tiempo es una rueda,
y rueda es eternidá,
y si el hombre lo divide
sólo lo hace en mi sentir,
por saber lo que ha vivido
o le resta que vivir.

   Ya te he dado mis respuestas,
mas no gana quien despunta,
si tenés otra pregunta
o de algo te has olvidao
siempre estoy a tu mandao
para sacarte de dudas.

   No procedo por soberbia
ni tampoco por jactancia,
mas no ha de faltar costancia
cuando es preciso luchar,
y te convido a cantar
sobre cosas de la Estancia

   Ansí prepará moreno
cuanto tu saber encierre.
Y sin que tu lengua yerre,
me has de decir lo que empriende
el que del tiempo depende
en los meses que train erre.

EL MORENO

   De la inorancia de naides
ninguno debe abusar.
Y aunque me puede doblar
todo el que tenga más arte,
no voy a ninguna parte
a dejarme machetiar.

   He reclarao que en leturas
soy redondo como jota.
No avergüenze mi redota,
pues con claridá le digo:
no me gusta que conmigo
naides juegue a la pelota.

   Es buena ley que el más lerdo
debe perder la carrera,
ansí le pasa a cualquiera
cuando en competencia se halla
un cantor de media talla
con otro de talla entera.

   ¿No han visto en medio del campo
al hombre que anda perdido,
dando güeltas aflijido
sin saber dónde rumbiar?
Ansí le suele pasar
a un pobre cantor vencido.

   También los árboles crugen
si el ventarrón los azota.
Y si aquí mi queja brota
con amargura, consiste
en que es muy larga y muy triste
la noche de la redota.

   Y dende hoy en adelante,
pongo de testigo al cielo
para decir sin recelo
que si mi pecho se inflama
no cantaré por la fama
sino por buscar consuelo.

   Vive ya desesperado
quien no tiene qué esperar.
A lo que no ha de durar
ningún cariño se cobre:
alegrías en un pobre
son anuncios de un pesar.

   Y este triste desengaño
me durará mientras viva.
Aunque un consuelo reciba
jamás he de alzar el vuelo,
quien no nace para el cielo
de valde es que mire arriba.

   Y suplico a cuantos me oigan
que me permitan decir,
que al decidirme a venir
no sólo jué por cantar,
sino porque tengo a más
otro deber que cumplir.

   Ya saben que de mi madre
fueron diez los que nacieron.
Mas ya no esiste el primero
y más querido de todos,
murió por injustos modos
a manos de un pendenciero.

   Los nueve hermanos restantes
como güérfanos quedamos.
Dende entonces lo lloramos
sin consuelo, creanmenló,
y al hombre que lo mató
nunca jamás lo encontramos.

   Y queden en paz los güesos
de aquel hermano querido,
a moverlos no he venido,
mas si el caso se presienta,
espero en Dios que esta cuenta
se arregle como es debido.

   Y si otra ocasión payamos
para que esto se complete,
por mucho que lo respete
cantaremos si le gusta
sobre las muertes injustas
que algunos hombres cometen.

   Y aquí pues, señores míos,
diré, como en despedida,
que todavía andan con vida
los hermanos del dijunto,
que recuerdan este asunto
y aquella muerte no olvidan.

   Y es misterio tan projundo
lo que está por suceder,
que no me debo meter
a echarla aquí de adivino;
lo que decida el destino
después lo habrán de saber.

MARTÍN FIERRO

   Al fin cerrastes el pico
después de tanto charlar.
Ya empesaba a maliciar
al verte tan entonao,
que traías un embuchao
y no lo querías largar.

   Y ya que nos conocemos
basta de conversación;
para encontrar la ocasión
no tienen que darse priesa,
ya conozco yo que empiesa
otra clase de junción.

   Yo no sé lo que vendrá,
tampoco soy adivino.
Pero firme en mi camino
hasta el fin he de seguir
todos tienen que cumplir
con la ley de su destino.

   Primero fue la frontera
por persecución de un juez.
Los indios fueron después,
y para nuevos estrenos
ahora son estos morenos
pa alivio de mi vejez.

   La madre echó diez al mundo,
lo que cualquiera no hace,
y tal vez de los diez pase
con iguales condiciones.
La mulita pare nones
todos de la mesma clase.

   A hombre de humilde color
nunca sé facilitar,
cuando se llega a enojar
suele ser de mala entraña,
se vuelve como la araña,
siempre dispuesta a picar.

   Yo he conocido a toditos
los negros más peliadores.
Había algunos superiores
de cuerpo y de vista -¡ay juna!
si vivo, les daré una-
historia de los mejores.

   Mas cada uno ha de tirar
en el yugo en que se vea.
Yo ya no busco peleas,
las contiendas no me gustan,
pero ni sombra me asustan
ni bultos que se menean.

   La creía ya desollada
mas todavía falta el rabo,
y por lo visto no acabo
de salir de esta jarana.
Pues esto es lo que se llama
remachársele a uno el clavo.

32

  Y después de estas palabras
que ya la intención revelan,
procurando los presentes
que no se armara pendencia,
se pusieron de por medio
y la cosa quedó quieta.
Martín Fierro y los muchachos
evitando la contienda,
montaron y, paso a paso
como el que miedo no lleva
a la costa de un arroyo,
llegarán a echar pie a tierra.
Desencillaron los pingos
y se sentaron en rueda,
refiriéndose entre sí
infinitas menudencias;
porque tiene muchos cuentos
y muchos hijos la ausencia.
Allí pasaron la noche
a la luz de las estrellas,
porque ese es un cortinao
que lo halla uno donde quiera,
y el gaucho sabe arreglarse
como ninguno se arregla.
El colchón son las caronas,
el lomillo es cabecera,
el coginillo es blandura
y con el poncho o la gerga
para salvar del rocío
se cubre hasta la cabeza.
Tiene su cuchillo al lado,
pues la precaución es buena;
freno y rebenque a la mano,
y teniendo el pingo cerca,
que pa asigurarlo bien
la argolla del lazo entierra.
Aunque el atar con el lazo
da del hombre mala idea,
se duerme ansí muy tranquilo
todita la noche entera.
Y si es lejos del camino,
como manda la prudencia,
más siguro que en su rancho
uno ronca a pierna suelta.
Pues en el suelo no hay chinches,
y es una cuja camera
que no ocasiona disputas
y que naides se la niega.
Además de eso, una noche
la pasa uno como quiera,
y las va pasando todas
haciendo la mesma cuenta.
Y luego los pajaritos
al aclarar lo dispiertan.
Porque el sueño no lo agarra
a quien sin cenar se acuesta.
Ansí, pues, aquella noche
jué para ellos una fiesta,
pues todo parece alegre
cuando el corazón se alegra.
No pudiendo vivir juntos
por su estado de pobreza,
resolvieron separarse,
y que cada cual se juera
a procurarse un refujio
que aliviara su miseria.
Y antes de desparramarse
para empezar vida nueva,
en aquella soledá
Martín Fierro, con prudencia,
a sus hijos y al de Cruz
les habló de esta manera.


José Rafael Hernández y Pueyrredón
(10 de noviembre de 1834 - 21 de octubre de 1886)

Militar, periodista, poeta y político argentino, especialmente conocido como el autor del Martín Fierro, obra máxima de la literatura gauchesca. En su homenaje, el 10 de noviembre -aniversario de su nacimiento- se festeja en la Argentina el Día de la Tradición.

Tras iniciarse como militar en defensa de la autonomía del Estado de Buenos Aires, entre 1852 y 1872 desarrolló una intensa actividad periodística, enfrentado al predominio de la ciudad de Buenos Aires en la organización de su país. En una época de gran agitación política, sostuvo que las provincias no debían permanecer ligadas al gobierno de Buenos Aires.

Radicado en Paraná desde 1857, residió alternativamente en esa ciudad, en Corrientes, Rosario y Montevideo, antes de regresar a Buenos Aires.

Participó en una de las últimas rebeliones federales, dirigida por Ricardo López Jordán, cuyo primer intento de acción finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en el Brasil. Después de esta revolución continuó siendo durante un tiempo asesor del general revolucionario, pero con el tiempo se distanció de él.

A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del periodismo y publicó la primera parte de su obra maestra, El gaucho Martín Fierro.

Fue a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos.

Junto con la continuación de la obra, La vuelta de Martín Fierro (1879), forman un poema épico popular. Es generalmente considerada la obra cumbre de la literatura argentina.

Posteriormente desempeñó los cargos de diputado y senador de la provincia de Buenos Aires. Ocupando este último cargo, defendió la federalización de Buenos Aires en un memorable discurso, enfrentándose a Leandro N. Alem.


Fuente: Wikipedia