Epitoma
institutorum rei militaris
(Recopilación
sobre las Instituciones Militares)
Flavio Vegecio
Renato
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I. LA DISCIPLINA ROMANA: LA CAUSA
DE SU GRANDEZA.
La victoria en la guerra no depende completamente del número o del simple valor; sólo la destreza y la disciplina la asegurarán.
Hallaremos que los Romanos debieron la conquista del mundo a ninguna otra causa que el continuo entrenamiento militar, la exacta observancia de la disciplina en sus campamentos y el perseverante cultivo de las otras artes de la guerra.
Sin esto, ¿qué oportunidad
habrían tenido los insignificantes ejércitos romanos frente a las muchedumbres
de los Galos?.
¿O con qué éxito podría su
pequeño tamaño haberse opuesto a la prodigiosa estatura de los
Germanos?.
Los españoles nos superaban no
sólo en número, sino en fortaleza física.
Siempre fuimos inferiores a los
africanos en riqueza y desiguales en engaño y estratagema. Y los griegos,
indudablemente, fueron muy superiores a nosotros en la destreza con las artes y
toda clase de conocimientos.
Pero a todas esas ventajas, los
romanos opusieron un cuidado inusual en la elección de sus levas y en su
entrenamiento militar.
Comprendieron completamente la
importancia de endurecerse con la práctica continua y de entrenarse en cada
maniobra que pudiera ocurrir en la formación y en el combate.
Tampoco fueron menos estrictos al
castigar la desidia y la pereza.
El valor de un soldado se
enaltece con el conocimiento de su profesión, y sólo desea una oportunidad para
ejecutar aquello que él está convencido de haber aprendido perfectamente.
Un puñado de hombres, curtidos en
la guerra, marcharán a un victoria cierta mientras que, por el contrario,
ejércitos numerosos con tropas indisciplinadas y novatas no son sino multitudes
de hombres llevados al sacrificio.
VIIII. ENTRENAMIENTO INICIAL: EL
PASO MILITAR, LA CARRERA Y EL SALTO.
Lo primero que se debe enseñar al
soldado es el paso militar, que sólo se puede adquirir con la práctica
constante de marchar rápido y juntos.
Y es algo de la mayor
importancia, tanto en la marcha como en el frente, que mantengan sus filas con
la mayor exactitud.
Las tropas que marchan de manera
irregular y desordenada están siempre en peligro de ser derrotadas.
Deben marchar con el paso normal
militar veinte millas en cinco horas de verano, y a paso rápido, que es más
rápido, veinticuatro millas en el mismo número de horas, si se supera esta
velocidad ya no marchan sino que corren y no se puede precisar la cadencia.
Los jóvenes reclutas, en
particular, deben ejercitarse en la carrera para poder cargar sobre el enemigo
con gran vigor; ocupar, si hay ocasión, un lugar ventajoso con gran velocidad e
impedir que el enemigo haga lo mismo; así, pueden, cuando se les manda de
reconocimiento, avanzar con rapidez, volver velozmente y enfrentar al enemigo
en una persecución.
El salto es otro ejercicio
necesario, para permitirles pasar fosos u obstáculos molestos de cualquier
clase sin dificultad.
Hay también otra ventaja material derivada de tales ejercicios al llegar el combate; para un soldado que avanza con su jabalina, corriendo y saltando, deslumbrando los ojos de su adversario, le ataca con terror y le propina el golpe fatal antes de que haya tenido tiempo de alistar su defensa.
Hay también otra ventaja material derivada de tales ejercicios al llegar el combate; para un soldado que avanza con su jabalina, corriendo y saltando, deslumbrando los ojos de su adversario, le ataca con terror y le propina el golpe fatal antes de que haya tenido tiempo de alistar su defensa.
Salustio, hablando de la
excelencia de Pompeyo el Grande en este particular, nos dice que él disputaba
la superioridad en el salto con los más activos, en la carrera con el más raudo
y en los ejercicios de fuerza con los más robustos.
No hubiera sido nunca capaz de
haberse opuesto con éxito a Sertorio si no se hubiera preparado a sí mismo y a
sus soldados para la acción con ejercicios continuos de esta clase.
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XI. EJERCICIOS DE GUARNICIÓN: USO
DEL ESCUDO Y DEL PALO.
Estamos informados por los
escritos de los antiguos que entre sus otros ejercicios se contaban los de
guarnición.
Daban a sus reclutas escudos
trenzados de sauce, el doble de pesados de los que solían emplear en el
servicio real, y espadas de madera del doble de peso que las normales.
Se ejercitaban con ellos en el
palo tanto por la mañana como por la tarde.
Este es un invento de gran
utilidad, no sólo para los soldados, sino para los gladiadores.
Ningún hombre de tales
profesiones se distinguió nunca en el circo o en el campo de batalla sin ser
hábil en tal ejercicio.
Cada soldado, pues, fijaba un
poste firmemente en el suelo, de unos seis pies de altura. Contra ése, como
contra un enemigo real, el recluta se ejercitaba con las armas arriba
mencionadas, como si fueran los escudos y espadas normales, apuntando ora a la
cabeza o cara, ora a los lados o tratando de atacar los piernas o muslos.
Eran instruidos en el modo de
avanzar y retirarse, como tomar ventaja en el cuerpo a cuerpo sobre su
adversario; pero se les prevenía a todos particularmente para no abrir su
guardia al enemigo mientras le apuntaban para atacarle.
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XVIIII. LLEVAR CARGAS.
Acostumbrar a los soldados a
llevar cargas es también parte esencial de la disciplina. A los reclutas, en
particular, se les debe obligar frecuentemente a llevar un peso de no menos de
sesenta libras (lo que pesan sus armas) y marchar con ellos en las filas.
Esto se debe a que, en las
expediciones difíciles, a menudo se hallaban en la necesidad de llevar sus
provisiones y sus armas.
No lo encontrarían problemático cuando lo tomaron por costumbre, lo que facilita todo.
No lo encontrarían problemático cuando lo tomaron por costumbre, lo que facilita todo.
Nuestras tropas, en los tiempos
antiguos, eran una prueba de esto, y Virgilio lo remarcó en los siguientes
versos:
Los soldados romanos, criados en
las alertas de la guerra,
encorvados con pesos injustos y
armas pesadas,
alegres sobrellevaban sus penosas
marchas,
y levantaban prestos sus
campamentos ante el enemigo.
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Flavio Vegecio
Renato
Escritor del Imperio romano del
siglo IV. Nada se sabe de su vida excepto lo que él mismo dice en sus obras.
Vegecio no se identifica como militar, sino como vir illustris (hombre ilustre)
término que, en el latín de la época, le señalan como un personaje cercano al
emperador. El nombre «Renato» sugiere que abrazó el cristianismo en la edad
adulta.
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Glosario
disciplina: Conjunto de reglas de
comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de
un cuerpo o una colectividad, en una profesión o en una determinada
colectividad.
epítome: nombre masculino. 1.
Resumen de una obra extensa en el que se exponen las ideas o las nociones
fundamentales del tema que trata esta
jabalina: El pilum (Plural pila)
era, junto con la espada (gladius), el arma básica del soldado romano. Era del
tipo lanza o jabalina y media alrededor de 2 metros. Había dos clases de pilum:
el pesado y el ligero. Se usaban cuando se encontraban de 15 a 30 metros del
enemigo.
libra romana: 0,32745 kg, 60
libras = 19,647 kilogramos.
milla romana: Equivalente a la distancia recorrida con mil
pasos (mile passus, plural: milla passum). Passus: equivalente a 1,4785 m.
pie romano: 0,296 m.
Pompeyo: Pompeyo, Cneo Pompeyo o
Cneo Pompeyo Magno, también conocido como Pompeyo el Grande o Pompeyo el
Triunviro, fue un político y general romano. Provenía de una rica familia
itálica de provincias, y alcanzó por sí mismo el rango de la nobleza romana a
través de su exitoso liderazgo en diversas campañas (29 de septiembre de 106 a.
C - 28 de septiembre de 48 a. C.)
Renato: re – natus; renacido.
Salustio: Cayo o Gayo Salustio
Crispo fue un historiador romano. Por su obra es considerado como uno de los
más importantes historiadores latinos del siglo I a. C. y de toda la latinidad
Sertorio: La guerra de Sertorio o
guerra sertoriana fue un conflicto vivido entre los años 82 a. C. y 72 a. C. en
la península Ibérica a consecuencia de la primera guerra civil. Enfrentó a los
populares de Quinto Sertorio, quien se proclamó procónsul (gobernador) de la
Hispania Citerior, y los optimates liderados por Quinto Cecilio y Cneo Pompeyo
Magno.
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Fuente: Internet