El ingenioso
Hidalgo don Quijote de la Mancha
Miguel de
Cervantes
Capítulo XLV
De cómo el gran
Sancho Panza tomó la posesión
de su
ínsula, y del modo que comenzó a gobernar.
……………………………………………………………………………………………………
-Y ¿a quién llaman don Sancho
Panza? -preguntó Sancho.
-A vueseñoría -respondió el
mayordomo-; que en esta ínsula no ha entrado otro Panza sino el que está
sentado en esa silla.
-Pues advertid, hermano -dijo
Sancho-, que yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza
me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos
fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas; y yo imagino que en esta
ínsula debe haber más dones que piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá
ser que si el gobierno me dura cuatro días, yo escardaré estos dones, que, por
la muchedumbre, deben de enfadar como los mosquitos. Pase adelante con su
pregunta el señor mayordomo; que yo responderé lo mejor que supiere, ora se
entristezca o no se entristezca el pueblo.
A este instante entraron en el
juzgado dos hombres, el uno vestido de labrador y el otro de sastre, porque
traía unas tijeras en la mano, y el sastre dijo:
-Señor gobernador, yo y este
hombre labrador venimos ante vuesa merced en razón que este buen hombre llegó a
mi tienda ayer (que yo, con perdón de los presentes, soy sastre examinado, que
Dios sea bendito), y poniéndome un pedazo de paño en las manos, me preguntó:
«Señor, ¿habría en esto paño harto para hacerme una caperuza?» Yo, tanteando el
paño, le respondí que sí; él debióse de imaginar, a lo que yo imagino, e
imaginé bien, que sin duda yo le quería hurtar alguna parte del paño,
fundándose en su malicia y en la mala opinión de los sastres, y replicóme que
mirase si habría para dos; adivinéle el pensamiento y díjele que sí; y él,
caballero en su dañada y primera intención, fue añadiendo caperuzas, y yo
añadiendo síes, hasta que llegamos a cinco caperuzas; y ahora en este punto
acaba de venir por ellas; yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura; antes
me pide que le pague o vuelva su paño.
-¿Es todo esto así, hermano?
-preguntó Sancho.
-Sí, señor -respondió el hombre-;
pero hágale vuesa merced que muestre las cinco caperuzas que me ha hecho.
-De buena gana -respondió el
sastre.
Y sacando encontinente la mano
debajo del herreruelo, mostró en ella cinco caperuzas puestas en las cinco
cabezas de los dedos de la mano, y dijo:
-He aquí las cinco caperuzas que
este buen hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia que no me ha quedado
nada del paño, y yo daré la obra a vista de veedores del oficio.
Todos los presentes se rieron de
la multitud de las caperuzas y del nuevo pleito. Sancho se puso a considerar un
poco, y dijo:
-Paréceme que en este pleito no
ha de haber largas dilaciones, sino juzgar luego a juicio de buen varón; y así,
yo doy por sentencia que el sastre pierda las hechuras, y el labrador el paño,
y las caperuzas se lleven a los presos de la cárcel, y no haya más.
Si la sentencia pasada de la
bolsa del ganadero movió a admiración a los circunstantes, ésta les provocó a
risa; pero, en fin, se hizo lo que mandó el gobernador; ante el cual se
presentaron dos hombres ancianos; el uno traía una cañaheja por báculo, y el
sin báculo dijo:
-Señor, a este buen hombre le
presté días ha diez escudos de oro en oro, por hacerle placer y buena obra, con
condición que me los volviese cuando se los pidiese; pasáronse muchos días sin
pedírselos, por no ponerle en mayor necesidad, de volvérmelos, que la que él
tenía cuando yo se los presté; pero, por parecerme que se descuidaba en la
paga, se los he pedido una y muchas veces, y no solamente no me los vuelve,
pero me los niega y dice que nunca tales diez escudos le presté, y que si se
los presté, que ya me los ha vuelto. Yo no tengo testigos ni del prestado, ni
de la vuelta, porque no me los ha vuelto; querría que vuesa merced le tomase
juramento, y si jurare que me los ha vuelto, yo se los perdono para aquí y para
delante de Dios.
-¿Qué decís vos a esto, buen
viejo del báculo? -dijo Sancho.
A lo que dijo el viejo:
-Yo, señor, confieso que me los
prestó, y baje vuesa merced esa vara; y, pues él lo deja en mi juramento, yo
juraré cómo se los he vuelto y pagado real y verdaderamente.
Bajó el gobernador la vara, y en
tanto, el viejo del báculo dio el báculo al otro viejo, que se le tuviese en
tanto que juraba, como si le embarazara mucho, y luego puso la mano en la cruz
de la vara, diciendo que era verdad que se le habían prestado aquellos diez
escudos que se le pedían; pero que él se los había vuelto de su mano a la suya,
y que por no caer en ello se los volvía a pedir por momentos. Viendo lo cual el
gran gobernador, preguntó al acreedor qué respondía a lo que decía su
contrario, y dijo que sin duda alguna su deudor debía de decir verdad, porque
le tenía por hombre de bien y buen cristiano, y que a él se le debía de haber
olvidado el cómo y cuándo se los había vuelto, y que desde allí en adelante
jamás le pidiría nada. Tornó a tomar su báculo el deudor, y, bajando la cabeza,
se salió del juzgado; visto lo cual Sancho, y que sin más ni más se iba, y
viendo también la paciencia del demandante, inclinó la cabeza sobre el pecho, y
poniéndose el índice de la mano derecha sobre las cejas y las narices, estuvo
como pensativo un pequeño espacio, y luego alzó la cabeza y mandó que le
llamasen al viejo del báculo, que ya se había ido. Trujéronsele, y en viéndole
Sancho, le dijo:
-Dadme, buen hombre, ese báculo,
que le he menester.
-De muy buena gana -respondió el
viejo-: hele aquí, señor.
Y púsosele en la mano. Tomóle
Sancho, y dándosele al otro viejo, le dijo:
-Andad con Dios, que ya vais
pagado.
-¿Yo, señor? -respondió el
viejo-. Pues ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?
-Sí -dijo el gobernador-; o si
no, yo soy el mayor porro del mundo. Y ahora se verá si tengo yo caletre para
gobernar todo un reino.
Y mandó que allí, delante de
todos, se rompiese y abriese la caña. Hízose así, y en el corazón della
hallaron diez escudos en oro; quedaron todos admirados, y tuvieron a su
gobernador por un nuevo Salomón.
Preguntáronle de dónde había
colegido que en aquella cañaheja estaban aquellos diez escudos, y respondió que
de haberle visto dar el viejo que juraba, a su contrario, aquel báculo, en
tanto que hacía el juramento, y jurar que se los había dado real y verdaderamente,
y que en acabando de jurar le tornó a pedir el báculo, le vino a la imaginación
que dentro dél estaba la paga de lo que pedían. De donde se podía colegir que
los que gobiernan, aunque sean unos tontos, tal vez los encamina Dios en sus
juicios; y más que él había oído contar otro caso como aquél al cura de su
lugar, y que él tenía tan gran memoria, que a no olvidársele todo aquello de
que quería acordarse, no hubiera tal memoria en toda la ínsula. Finalmente, el
un viejo corrido y el otro pagado, se fueron, y los presentes quedaron
admirados, y el que escribía las palabras, hechos y movimientos de Sancho no
acababa de determinarse si le tendría y pondría por tonto o por discreto.
………………………………………………………………………………………………………
Glosario
báculo: Bastón alto, generalmente
de madera, y con el extremo superior curvo.
cañaheja: Planta aromática de la
familia de las umbelíferas, de tallo hueco, que mide hasta 2 m de alto y de la
que se obtiene gomorresina.
caperuza: Gorro con la punta
inclinada hacia atrás unido a una tira de tela o al cuello de algunas prendas
de vestir, en especial a una capa.
escardar: Separar lo bueno de lo malo, en especial de las cosas no materiales.
.
escardar: Separar lo bueno de lo malo, en especial de las cosas no materiales.
.
herreruelo: El herreruelo o
ferreruelo era una capa corta de origen militar utilizada por los hombres en
España y en otros países europeos en el siglo XVII.
porro: Se aplica a la persona que es torpe y tosca.
_______________________
Miguel de
Cervantes Saavedra
(Alcalá de
Henares, 5/29 de septiembre de 1547
Madrid, 22 de
abril/l4 Marzo de 1616)
Novelista,
poeta, dramaturgo y soldado español. Está considerado la máxima figura de la
literatura española y es universalmente conocido por haber escrito El ingenioso
Hidalgo don Quijote de la Mancha (llamado habitualmente como el Quijote), que
muchos críticos han descrito como la primera novela moderna y una de las
mejores obras de la literatura universal, además de ser el libro más editado y
traducido de la historia, solo superado por la Biblia. Se le ha dado el
sobrenombre de «Príncipe de los Ingenios».
_______________________