Expresión Oral: una aproximación a la Oratoria Militar
por Alberto Cebeira
(Publicado en "La Revista", de la Escuela Superior
de Guerra, Nº 547, Octubre-Diciembre 2002)
El arte oratoria
Desde la época en que Aristóteles redactó
su "Arte de la Retórica" se mantuvo inmutable la enumeración y
distinción de los elementos que caracterizan el arte: el orador (que habla), el
auditorio (que escucha), el discurso (aquello de que se habla) y la causa final
(finalidad del discurso, determinada por el auditorio).
A partir de 1947 y debido a los modelos
matemáticos desarrollados por Shannon, Nyquist, Hartley y vulgarizados por
Waver, se añadieron otros elementos al antiguo modelo aristotélico tales como
el código, canal, señal, fuente de información y de ruido, retroacción, etc.
No obstante el orador sigue siendo el eje
del acto oratorio y para convencer y persuadir a su público debe reunir dos
requisitos fundamentales: a) integridad personal, entendida como el prestigio
emergente de una conducta de vida honrada, recta y justa; y, b) ser
elocuente.
Pasando por alto la primera condición, por
relacionarse con ciencias o disciplinas ajenas a la oratoria, nos referiremos a
la elocuencia que, según la afortunada metáfora de Quintiliano, se engendra en
el corazón del orador.
Pero no se manifiesta únicamente a través
de la expresión oral ya que el llanto de una criatura; el silencio en respuesta
a una pregunta crítica o la mano extendida de un mendigo, pueden ser medios elocuentes y aptos para
movilizar la voluntad.
Cicerón afirmaba que la elocuencia que
persuade "no es cosa muy recóndita" y admite "cinco partes"
que son: invención, disposición, exornación, memoria y, finalmente, acción y
pronunciación (1).
Estas partes representan distintos
aspectos de un mismo fenómeno ya que la invención es el enfoque metodológico;
la disposición, el lógico; la exornación, el lingüístico y la memoria, el
psicológico; en tanto que la acción y pronunciación depende de la personalidad
del orador y del medio por el que se expresa.
El orador elocuente, según Cicerón, solo
habla de lo que conoce (aspecto metodológico); dispone las partes del discurso
siguiendo un orden estrictamente determinado de antemano (aspecto lógico);
elige y distribuye, a lo largo del discurso, palabras que sustentan su
proposición en relación a su auditorio (aspecto lingüístico); y utiliza su
memoria como una fuente de ideas, citas, vocablos, imágenes y pensamientos que
citará en su obra.
El discurso
Como lo propuso Cicerón al detallar las
"partes" de la elocuencia la invención consiste en "saber lo que
se va a decir" en tanto que la disposición ayuda a determinar "el
modo de decirlo" en forma convincente y persuasiva.
Es decir que la disposición atiende a la
estructura de la pieza oratoria y proyecta el discurso que el orador debe
expresar observando un orden predeterminado.
Este orden o partes del discurso son:
exordio, proposición, narración, confirmación, refutación y epílogo o
peroración.
En ciertas piezas discursivas, por razón
del género al que pertenecen (político, social, etc.) o de las circunstancias
en que se encuentra el orador se omiten alguna de esas partes para optimizar su
efectividad.
La proposición o tesis que el orador
defenderá en su discurso se sustenta en una serie de argumentos o línea
argumental, es decir, en razonamientos o cadenas de razonamientos que
intentarán sostenerla y acreditarla (2).
Perelman afirmó, respecto de su
importancia, que "...la argumentación interviene en todos los casos en que
las personas deben tomar decisiones, realizar elecciones reflexivas, cada vez
que tienen que deliberar o discutir, criticar o justificar" (3).
Pero Ross nos pone en guardia al advertir
que el uso de los argumentos no se limita, en algunas piezas oratorias, a
convencer al auditorio sobre las bondades de una proposición determinada sino
que intentan cambiar sus creencias operativas o sus actitudes condicionadas (4).
Los oradores también suelen manipular el
orden de los argumentos, conforme a sus conveniencias, porque situarlos al
principio, en medio o al final de una exposición oral puede variar,
considerablemente, su efecto persuasivo.
Ello es coherente con las conclusiones de los
estudios efectuados con Jurados simulados que demostraron que sus miembros
consideraban más importante la información que recibían al comienzo y al final
de las audiencias.
Cicerón se ocupó del manejo de los
argumentos en la pieza discursiva y recomendaba a los oradores imitar la
táctica de los generales de su tiempo que colocaban a los buenos soldados en
primera fila, los de menor eficiencia en el medio, y a retaguardia los más
aguerridos.
Por lo tanto es recomendable antes de
sostener (o aceptar) la verdad o falsedad de un argumento someterlo a un
exhaustivo examen y análisis crítico, confrontándolo con los hechos, la
experiencia y si fuera posible con pruebas científicas.
Aspectos prácticos de la exposición oral del discurso
La
oratoria se dirige a los oídos, no al entendimiento, afirmaba un
conocido literato argentino.
El auditorio no dispone de la libertad de
los lectores que pueden permitirse un momento de reflexión o retroceden un par
de páginas o párrafos a fin de interpretar cabalmente un tema o argumento.
Los siguientes consejos, muy conocidos y
aplicados en ambientes radiales y televisivos, reflejan el temperamento y las
reacciones de los auditorios:
- Exponga sus ideas claramente. La claridad,
afirmaba Quintiliano, no consiste en que algo pueda entenderse, sino que sea
imposible que pueda dejar de entenderse.
- La palabra hablada es fugaz.
Las redundancias, imperdonables en la expresión escrita, pueden llegar a ser
absolutamente necesarias en la expresión oral.
- Exprese sus ideas en frases
cortas. En un discurso o comentario una oración de veinte palabras puede ser
más efectiva e impactante que una de cuarenta.
- Use un lenguaje sencillo.
Evite, en lo posible, los neologismos, los lugares comunes, y las frases
hechas.
- Evite las citas en idioma
extranjero; alguno de sus oyentes pueden desconocerlo.
- Toda expresión de cifras y
porcentajes debe indicarse en números enteros; evite utilizar decimales.
- En caso de no dirigirse a un
auditorio estrictamente técnico utilice, preferentemente, el sistema métrico decimal ya que el público
argentino no piensa en yardas, millas, libras o pintas.
- Traduzca las siglas en función
de su público. ¿Quién sabe, por fuera de ciertos círculos, el significado de
UN, OMS, DICA, ILS o G-Man?
- Sea cuidadoso con el uso de los
pronombres. Son imprescindibles para una redacción elegante pero en la
expresión oral un pronombre distanciado del nombre puede crear confusión.
Los fines de la Oratoria
La Oratoria, según una definición
convencional, es el arte de convencer, persuadir (o disuadir), conmover y
deleitar, por medio de la palabra oral y sus fines tienen mucho en común con el
arte retórica (5), la comunicación (6), y el mando militar (7).
Convencer y persuadir son los objetivos
fundamentales del arte; Barcia afirma que se convence al entendimiento y se
persuade la voluntad y agrega que el convencido cede a la fuerza del discurso o
del argumento y el persuadido a la fuerza de la verdad o de la inclinación (8).
Conmover o deleitar son elementos
auxiliares que integran necesariamente toda pieza discursiva por cuanto pueden
influir (positiva o negativamente) sobre el razonamiento y la voluntad.
Por lo tanto la oratoria debe
considerarse, en estos tiempos de multimedia, como el arte que permite que un
orador (o una expresión con entidad suficiente para reemplazarlo) pueda
convencer y persuadir deliberadamente a personas que forman parte de un público
indeterminado, para que realicen, individual o colectivamente, una acción u
omisión (9).
El estudio de la oratoria se ha dividido,
tradicionalmente, en sagrado y profano; el primero dedicado a propagar los
principios de la Fe y la Religión; en cuanto al segundo agrupa a los géneros
restantes: académico, forense, político, social y militar, entre otros.
La Oratoria Militar
El estudio de la preceptiva oratoria ha
sido de gran importancia para el arte militar, de todos los tiempos, por cuanto
su hábil manejo significa obtener un ascendiente sobre la conducta de otros
individuos.
Shakespeare expresa a través de Marco
Antonio, en "Julio Cesar" las cualidades, conocimientos y fines del
orador: "¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo,
ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los
hombres".
La capacidad de producir efectos
predeterminados en su entorno, a través de la palabra, ha obsesionado a los
hombres desde los tiempos homéricos ya que, en un diálogo con Fedro, Sócrates
afirma que guerreros de la talla de Nestor y Ulises no desdeñaron componer
sendos tratados retóricos durante sus momentos de ocio en el sitio de Ilión.
Aristóteles, en épocas más cercanas, se
desempeñó como maestro de retórica de Alejandro III, el Magno, rey de
Macedonia, conquistador del Imperio persa y uno de los capitanes más
importantes del mundo antiguo.
Pensamos que las obras clásicas de
Aristóteles, Cicerón y Quintiliano no habrán sido desconocidas por las grandes
figuras de la historia militar. Un discurso de San Martín con un profundo
contenido psicológico y persuasivo, pronunciado ante un grupo de líderes
araucanos, parece confirmar esta presunción (10).
El estudio de la asignatura también formó
parte de las enseñanzas de los jóvenes criollos de la Colonia que concurrian al
Colegio de San Carlos o Real Convictorio Carolino, fundado por el Virrey Vertiz
en 1783, y que abrazarían la carrera de las armas.
Cornelio Saavedra, Juan José Castelli,
Esteban de Luca, Manuel Belgrano, Juan Martín de Pueyrredón, Manuel Dorrego,
Francisco Narciso de Laprida, Juan Gregorio de Las Heras y muchos otros
estudiaron, en esa Casa, latín, lógica, teología y filosofía, que incluía
física, matemática, ética y retórica.
Los ejemplos podrían multiplicarse
indefinidamente pero resulta evidente que el adecuado manejo de las técnicas
oratorias, para hablar eficazmente e influir (o evitar ser influido) en las
decisiones y actos humanos a través de la palabra, integran la preparación del
militar (11).
La oratoria militar en la antigüedad
La alocución, la arenga, la proclama y el parte
de guerra, en su versión pública y privada han sido consideradas las piezas
oratorias más representativas del género (12).
No obstante y pesar de las imágenes
atrayentes e ideas-fuerza que surgen de las obras clásicas se niega la
posibilidad de que en tiempos remotos se haya producido una oratoria castrense
de la calidad que ha llegado a nuestros días.
El Vizconde de Cormenin ha puesto en duda,
en una obra muy difundida la autoría de arengas y discursos atribuidos a
Escipión, Alejandro, Aníbal, Rinaldo, Solimán al sospechar que, su sintaxis
perfecta y períodos exactos, no se compadecen con el momento en que se habrían
pronunciado ni con los conocimientos literarios de sus presuntos autores (13).
Afirma también que a los Comandantes les
habría sido muy difícil por no decir imposible, aun disponiendo de una gran
potencia vocal, arengar a miles de combatientes desplegados en orden de
batalla.
Es probable, entonces, como lo sugiere
el mismo Cormenin, que las arengas de la
antigüedad hayan sido suplantados, con ventaja, con himnos o canciones
guerreras (14) como lo recuerdan nuestras tradiciones en ocasión del Paso de
los Andes y el Combate de Obligado.
Pero ello no fue óbice, en ninguna época,
para que los Jefes hicieran llegar a las tropas el pensamiento o las ordenes
del Comandante, con mayor o menor capacidad de persuasión.
Luego del desastre de Cancha Rayada, San
Martín les ordenó, entre otros items, que: "... peroraran con denuedo a la
tropa antes de entrar en batalla, imponiendo pena de la vida al que se separe
de su fila, sea al avanzar o al retirarse ... "
Por lo demás no puede negarse la
existencia de una oratoria castrense de la que da prueba nuestra historia y que
también fue practicada, sin menoscabo, por los guerreros indígenas americanos
como lo atestiguan Mansilla (15) y Franklin (16).
La oratoria militar contemporánea
Las telecomunicaciones hicieron posible
que los miembros de una fuerza expedicionaria argentina escucharan la voz de
Carlos Büsser, en la víspera del dos de abril de 1982, diciendo:
"Soy el comandante de la
Fuerza de Desembarco, [...] Nuestra misión es la de desembarcar en las Islas
Malvinas y desalojar a las fuerzas militares y a las autoridades británicas que
se encuentran en ellas. Eso es lo que vamos a hacer ..."
La sensación de inmediatez entre el
Comandante y sus hombres que surge al escuchar su palabra, a través de sistemas
radioeléctricos y sonoros, eleva la moral de los efectivos que deben cumplir su
misión.
Pero también permite el desarrollo de
consecuencias no deseadas conocidas como acciones psicológicas. Toda guerra y
aún los amagos de hostilidades pueden dar lugar a una "Rosa de
Tokio", que en realidad fue un nombre genérico inventado por los soldados
americanos destinados al Pacífico, ya que ese rol fue ocupado,
alternativamente, por varias locutoras (17)
Patton opinaba que los generales debían
mantener el contacto con sus hombres y dirigirse al frente por el camino de las
tropas, adelantándose a ellas, para dar el ejemplo.
El general aconsejaba que para el regreso
se eligiera una ruta poco transitada, para evitar ser reconocido y generar
posibles situaciones de confusión o pánico.
Pero en todo momento, aseguraba el
veterano militar, se debía arengar a los soldados utilizando palabras y
locuciones muy rudas porque, a su juicio, ese era el léxico adecuado
(exornación) para motivar sus afectos y movilizar su voluntad. Es muy conocida
la irreproducible respuesta atribuida a Patton cuando alguien le preguntó: ¿A
donde va mi general?
En resumen la oratoria militar es el arte
de utilizar la palabra en forma creativa, elocuente y persuasiva a través de
una expresión oral y gestual adaptada a las circunstancias. Ello implica el
conocimiento y adecuado manejo de la preceptiva oratoria y la valoración
psicológica de los distintos auditorios (18).
El manejo de la palabra que convence a la
razón, enciende las pasiones y moviliza la voluntad de los hombres está
vinculada, desde tiempos antiguos, con la profesión castrense y constituye,
además, una de las cualidades necesarias para acceder a la carrera de las armas
(19).
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Referencias
1) aut. cit., Diálogos del
Orador, Emecé Ed. 1943, pág. 106.
2) Beristáin, Helena, Diccionario
de Retórica y Poética, Porrúa S.A. 1995 Refiriéndose a la argumentación la
define como "Parte -la más importante del discurso oratorio- porque en
ella se concentra y resume la materia de que trata el discurso, la cual consta
de una o más pruebas deductivas ... que se basan en los datos de la causa y que
sirven para demostrarla".
3) Perelman, Ch, La lógica
jurídica y la nueva retórica, Ed. Civitas, Madrid, 1988.
4) Ross, Alf, Sobre el Derecho y
la Justicia, Eudeba s/f.
5) Aristóteles, El Arte de la
Retórica, Eudeba 1978, pág. 41, "... es evidente que es propio de la
Retórica conocer tanto lo que es apto para persuadir como lo que parece serlo
..."
6) Berlo, David. K, El Proceso de
la comunicación, El Ateneo, 1979, pág. 10/11 "... nuestro principal
propósito es reducir las probabilidades de ser un sujeto a merced de fuerzas
externas, y aumentar las probabilidades de dominarlas. Nuestro objetivo básico
en la comunicación es convertirnos en agentes efectivos. Es decir, influir en
los demás, en el mundo físico que nos rodea ... En resumen, nos comunicamos
para influir y para afectar intencionalmente".
7) Manual del Ejercicio del Mando
(M65-1 Ejército Argentino 1969. Introducción, pág. II) "Mando: Es la
acción que ejerce el Jefe sobre los hombres que le están subordinados con el
objeto de dirigirlos, persuadirlos e influir sobre ellos de tal manera de
obtener su voluntaria obediencia, confianza, respeto y leal y activa cooperación
tanto en el desempeño de una función como en el cumplimiento de una
misión".
8) Barcia, Roque, Sinónimos
castellanos, Edición póstuma, 1944, voz cit., "...un sofisma tal vez
convence, pero rara vez persuade; el atractivo que inclina al vicio, persuade,
pero no convence; por eso, para atropellar la razón o la justicia, procura
inutilmente la voluntad deslumbrar al entendimiento; esto es, no están de
acuerdo el convencimiento y la persuasión".
9) Cebeira, Alberto J., El Orador
y los Medios, "La Revista", de la Escuela Superior de Guerra, Nº 529
Abril-Junio/98.
10) Rojas, Ricardo, el Santo de
la Espada, Losada 1940, pág. 129: "Al concluir el año 1816 vinieron a
Mendoza varios caciques trayendo informes para San Martín, y éste los recibió
en el campamento de Plumerillo. Reunidos allí el general y los caciques en
círculo [...] aquel les dijo por intermedio del lenguaraz Guajardo: "Los
he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su
ejército para matar a todos los indios y robarles sus mujeres e hijos. En vista
de ello y como yo también soy indio, voy a acabar con los godos que les han
robado a ustedes las tierras de sus antepasados y para ello pasaré los Andes
con mi ejército y con esos cañones ... Los plenipotenciarios araucanos,
fornidos y desnudos, "con olor a potro", prorrumpieron en alaridos y
aclamaciones al "indio" San Martín, a quien abrazaban prometiéndole
morir por él".
11) R.P. Zoni, César P., Manual
del Orador Militar, Escuela Naval Militar 1959, pág. 10 "Si para algunas
profesiones liberales, la oratoria es un adorno o alguno de los medios para el
logro de los fines propuestos, para el militar es una necesidad. Una necesidad
impuesta por sus funciones esenciales".
12) R.P. Zoni, César P.,op. cit.,
pág. 49 y ss.
13) Vizconde de Cormenin, Libro
de los Oradores, Ed. Pluma de oro 1941.
14) aut. y op. cit., pág. 172
"... la mayor parte de los caudillos que capitaneaban nuestros ejércitos
tenían más valor que literatura, y se entendían mejor en vencer que en hablar. Por
otra parte no se hablaba a la sazón sino se cantaba, y la Marsellesa ganó más
batallas que pudieran podido hacerlo los más elocuentes discursos".
15) Lucio V. Mansilla, Una
excursión a los indios ranqueles, Capítulo 1967, pág. 135 "Mariano Rosas
tiene la fama de un orador de nota. Cuando lleguemos a su toldo [...] será
ocasión de comprobarlo con ejemplos palmarios, probando a la vez que hasta
entre los bárbaros la elocuencia unida a la prudencia puede disputarle la palma
con éxito completo al valor y a la espada".
16) Franklin, Benjamín,
Autobiografía, Moderna s/a, pág. 428, "... Los indios, de jóvenes, son
cazadores y guerreros; de viejos, consejeros. Todo su gobierno está regido por
el consejo de los sabios. No hay ejércitos, ni prisiones, ni policía que ordene
la obediencia ni inflija castigos. De aquí el estudio general de la oratoria.
El mejor orador goza de más influencia ..."
17) Internet. El 22 de febrero de 1944 se captó la
siguiente emisión proveniente de una radio japonesa: "Hola que tal Enemigos...
¿Qué tal las trampas? Aquí está Ann de Radio Tokio y nosotros estamos
justamente para comenzar nuestro programa regular de música, noticias y la Hora
Cero, para nuestros amigos... quiero decir ¡nuestros enemigos!... en Australia
y el Pacífico Sur ... así que estén en guardia, y quieran que los niños no
estén escuchando!... ¿Todo listo?... Okay aquí está el primer ataque a su moral
... la Boston Pops... tocando Strike Up the Band..."
18) Cuando avistaron el poderoso
ejército persa, muy superior al suyo, Alejandro consigue mantener la confianza
de diciendo: "Por fin los encontré, ahora no se me escaparán". Es de
suponer que una cita tan breve, agresiva y contundente circularía con fidelidad
y rapidez entre sus hombres.
19) Perfil básico del Subteniente
al egreso, punto 10: "El subteniente deberá poseer una profunda vocación
militar evidenciada en las siguientes cualidades: ... 10. Capacidad de
expresión oral y escrita para satisfacer exigencias personales y
profesionales".
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