lunes, 16 de octubre de 2017

Expresión Oral: una aproximación a la Oratoria Militar



Expresión Oral: una aproximación a la Oratoria Militar


por Alberto Cebeira


(Publicado en "La Revista", de la Escuela Superior de Guerra, Nº 547, Octubre-Diciembre 2002)


El arte oratoria

     Desde la época en que Aristóteles redactó su "Arte de la Retórica" se mantuvo inmutable la enumeración y distinción de los elementos que caracterizan el arte: el orador (que habla), el auditorio (que escucha), el discurso (aquello de que se habla) y la causa final (finalidad del discurso, determinada por el auditorio).

     A partir de 1947 y debido a los modelos matemáticos desarrollados por Shannon, Nyquist, Hartley y vulgarizados por Waver, se añadieron otros elementos al antiguo modelo aristotélico tales como el código, canal, señal, fuente de información y de ruido, retroacción, etc.

     No obstante el orador sigue siendo el eje del acto oratorio y para convencer y persuadir a su público debe reunir dos requisitos fundamentales: a) integridad personal, entendida como el prestigio emergente de una conducta de vida honrada, recta y justa; y, b) ser elocuente.
  
     Pasando por alto la primera condición, por relacionarse con ciencias o disciplinas ajenas a la oratoria, nos referiremos a la elocuencia que, según la afortunada metáfora de Quintiliano, se engendra en el corazón del orador.

     Pero no se manifiesta únicamente a través de la expresión oral ya que el llanto de una criatura; el silencio en respuesta a una pregunta crítica o la mano extendida de un mendigo,  pueden ser medios elocuentes y aptos para movilizar la voluntad.   

     Cicerón afirmaba que la elocuencia que persuade "no es cosa muy recóndita" y admite "cinco partes" que son: invención, disposición, exornación, memoria y, finalmente, acción y pronunciación (1).

     Estas partes representan distintos aspectos de un mismo fenómeno ya que la invención es el enfoque metodológico; la disposición, el lógico; la exornación, el lingüístico y la memoria, el psicológico; en tanto que la acción y pronunciación depende de la personalidad del orador y del medio por el que se expresa.  

     El orador elocuente, según Cicerón, solo habla de lo que conoce (aspecto metodológico); dispone las partes del discurso siguiendo un orden estrictamente determinado de antemano (aspecto lógico); elige y distribuye, a lo largo del discurso, palabras que sustentan su proposición en relación a su auditorio (aspecto lingüístico); y utiliza su memoria como una fuente de ideas, citas, vocablos, imágenes y pensamientos que citará en su obra.


El discurso

     Como lo propuso Cicerón al detallar las "partes" de la elocuencia la invención consiste en "saber lo que se va a decir" en tanto que la disposición ayuda a determinar "el modo de decirlo" en forma convincente y persuasiva.

     Es decir que la disposición atiende a la estructura de la pieza oratoria y proyecta el discurso que el orador debe expresar observando un orden predeterminado.

     Este orden o partes del discurso son: exordio, proposición, narración, confirmación, refutación y epílogo o peroración.

     En ciertas piezas discursivas, por razón del género al que pertenecen (político, social, etc.) o de las circunstancias en que se encuentra el orador se omiten alguna de esas partes para optimizar su efectividad.

     La proposición o tesis que el orador defenderá en su discurso se sustenta en una serie de argumentos o línea argumental, es decir, en razonamientos o cadenas de razonamientos que intentarán sostenerla y acreditarla (2).

     Perelman afirmó, respecto de su importancia, que "...la argumentación interviene en todos los casos en que las personas deben tomar decisiones, realizar elecciones reflexivas, cada vez que tienen que deliberar o discutir, criticar o justificar" (3).

     Pero Ross nos pone en guardia al advertir que el uso de los argumentos no se limita, en algunas piezas oratorias, a convencer al auditorio sobre las bondades de una proposición determinada sino que intentan cambiar sus creencias operativas o sus actitudes condicionadas (4).

     Los oradores también suelen manipular el orden de los argumentos, conforme a sus conveniencias, porque situarlos al principio, en medio o al final de una exposición oral puede variar, considerablemente, su efecto persuasivo.

     Ello es coherente con las conclusiones de los estudios efectuados con Jurados simulados que demostraron que sus miembros consideraban más importante la información que recibían al comienzo y al final de las audiencias.

     Cicerón se ocupó del manejo de los argumentos en la pieza discursiva y recomendaba a los oradores imitar la táctica de los generales de su tiempo que colocaban a los buenos soldados en primera fila, los de menor eficiencia en el medio, y a retaguardia los más aguerridos.

     Por lo tanto es recomendable antes de sostener (o aceptar) la verdad o falsedad de un argumento someterlo a un exhaustivo examen y análisis crítico, confrontándolo con los hechos, la experiencia y si fuera posible con pruebas científicas.


Aspectos prácticos de la exposición oral del discurso

     La  oratoria se dirige a los oídos, no al entendimiento, afirmaba un conocido literato argentino.

      El auditorio no dispone de la libertad de los lectores que pueden permitirse un momento de reflexión o retroceden un par de páginas o párrafos a fin de interpretar cabalmente un tema o argumento.

     Los siguientes consejos, muy conocidos y aplicados en ambientes radiales y televisivos, reflejan el temperamento y las reacciones de los auditorios:

 - Exponga sus ideas claramente. La claridad, afirmaba Quintiliano, no consiste en que algo pueda entenderse, sino que sea imposible que pueda dejar de entenderse.  

- La palabra hablada es fugaz. Las redundancias, imperdonables en la expresión escrita, pueden llegar a ser absolutamente necesarias en la expresión oral.

- Exprese sus ideas en frases cortas. En un discurso o comentario una oración de veinte palabras puede ser más efectiva e impactante que una de cuarenta. 

- Use un lenguaje sencillo. Evite, en lo posible, los neologismos, los lugares comunes, y las frases hechas.  

- Evite las citas en idioma extranjero; alguno de sus oyentes pueden desconocerlo. 

- Toda expresión de cifras y porcentajes debe indicarse en números enteros; evite utilizar decimales.

- En caso de no dirigirse a un auditorio estrictamente técnico utilice, preferentemente,  el sistema métrico decimal ya que el público argentino no piensa en yardas, millas, libras o pintas.

- Traduzca las siglas en función de su público. ¿Quién sabe, por fuera de ciertos círculos, el significado de UN, OMS, DICA, ILS o G-Man?   

- Sea cuidadoso con el uso de los pronombres. Son imprescindibles para una redacción elegante pero en la expresión oral un pronombre distanciado del nombre puede crear confusión.


Los fines de la Oratoria

     La Oratoria, según una definición convencional, es el arte de convencer, persuadir (o disuadir), conmover y deleitar, por medio de la palabra oral y sus fines tienen mucho en común con el arte retórica (5), la comunicación (6), y el mando militar (7).

     Convencer y persuadir son los objetivos fundamentales del arte; Barcia afirma que se convence al entendimiento y se persuade la voluntad y agrega que el convencido cede a la fuerza del discurso o del argumento y el persuadido a la fuerza de la verdad o de la inclinación (8).

     Conmover o deleitar son elementos auxiliares que integran necesariamente toda pieza discursiva por cuanto pueden influir (positiva o negativamente) sobre el razonamiento y la voluntad. 

     Por lo tanto la oratoria debe considerarse, en estos tiempos de multimedia, como el arte que permite que un orador (o una expresión con entidad suficiente para reemplazarlo) pueda convencer y persuadir deliberadamente a personas que forman parte de un público indeterminado, para que realicen, individual o colectivamente, una acción u omisión (9).

     El estudio de la oratoria se ha dividido, tradicionalmente, en sagrado y profano; el primero dedicado a propagar los principios de la Fe y la Religión; en cuanto al segundo agrupa a los géneros restantes: académico, forense, político, social y militar, entre otros.


La Oratoria Militar

     El estudio de la preceptiva oratoria ha sido de gran importancia para el arte militar, de todos los tiempos, por cuanto su hábil manejo significa obtener un ascendiente sobre la conducta de otros individuos.

     Shakespeare expresa a través de Marco Antonio, en "Julio Cesar" las cualidades, conocimientos y fines del orador: "¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los hombres".

     La capacidad de producir efectos predeterminados en su entorno, a través de la palabra, ha obsesionado a los hombres desde los tiempos homéricos ya que, en un diálogo con Fedro, Sócrates afirma que guerreros de la talla de Nestor y Ulises no desdeñaron componer sendos tratados retóricos durante sus momentos de ocio en el sitio de Ilión.

     Aristóteles, en épocas más cercanas, se desempeñó como maestro de retórica de Alejandro III, el Magno, rey de Macedonia, conquistador del Imperio persa y uno de los capitanes más importantes del mundo antiguo.

     Pensamos que las obras clásicas de Aristóteles, Cicerón y Quintiliano no habrán sido desconocidas por las grandes figuras de la historia militar. Un discurso de San Martín con un profundo contenido psicológico y persuasivo, pronunciado ante un grupo de líderes araucanos, parece confirmar esta presunción (10).

     El estudio de la asignatura también formó parte de las enseñanzas de los jóvenes criollos de la Colonia que concurrian al Colegio de San Carlos o Real Convictorio Carolino, fundado por el Virrey Vertiz en 1783, y que abrazarían la carrera de las armas.

     Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Esteban de Luca, Manuel Belgrano, Juan Martín de Pueyrredón, Manuel Dorrego, Francisco Narciso de Laprida, Juan Gregorio de Las Heras y muchos otros estudiaron, en esa Casa, latín, lógica, teología y filosofía, que incluía física, matemática, ética y retórica.

     Los ejemplos podrían multiplicarse indefinidamente pero resulta evidente que el adecuado manejo de las técnicas oratorias, para hablar eficazmente e influir (o evitar ser influido) en las decisiones y actos humanos a través de la palabra, integran la preparación del militar (11).

           
La oratoria militar en la antigüedad

    La alocución, la arenga, la proclama y el parte de guerra, en su versión pública y privada han sido consideradas las piezas oratorias más representativas del género (12).

     No obstante y pesar de las imágenes atrayentes e ideas-fuerza que surgen de las obras clásicas se niega la posibilidad de que en tiempos remotos se haya producido una oratoria castrense de la calidad que ha llegado a nuestros días.

     El Vizconde de Cormenin ha puesto en duda, en una obra muy difundida la autoría de arengas y discursos atribuidos a Escipión, Alejandro, Aníbal, Rinaldo, Solimán al sospechar que, su sintaxis perfecta y períodos exactos, no se compadecen con el momento en que se habrían pronunciado ni con los conocimientos literarios de sus presuntos autores (13).

     Afirma también que a los Comandantes les habría sido muy difícil por no decir imposible, aun disponiendo de una gran potencia vocal, arengar a miles de combatientes desplegados en orden de batalla.

     Es probable, entonces, como lo sugiere el  mismo Cormenin, que las arengas de la antigüedad hayan sido suplantados, con ventaja, con himnos o canciones guerreras (14) como lo recuerdan nuestras tradiciones en ocasión del Paso de los Andes y el Combate de Obligado.

     Pero ello no fue óbice, en ninguna época, para que los Jefes hicieran llegar a las tropas el pensamiento o las ordenes del Comandante, con mayor o menor capacidad de persuasión.

     Luego del desastre de Cancha Rayada, San Martín les ordenó, entre otros items, que: "... peroraran con denuedo a la tropa antes de entrar en batalla, imponiendo pena de la vida al que se separe de su fila, sea al avanzar o al retirarse ... "

     Por lo demás no puede negarse la existencia de una oratoria castrense de la que da prueba nuestra historia y que también fue practicada, sin menoscabo, por los guerreros indígenas americanos como lo atestiguan Mansilla (15) y Franklin (16).


La oratoria militar contemporánea

     Las telecomunicaciones hicieron posible que los miembros de una fuerza expedicionaria argentina escucharan la voz de Carlos Büsser, en la víspera del dos de abril de 1982, diciendo:

"Soy el comandante de la Fuerza de Desembarco, [...] Nuestra misión es la de desembarcar en las Islas Malvinas y desalojar a las fuerzas militares y a las autoridades británicas que se encuentran en ellas. Eso es lo que vamos a hacer ..."

     La sensación de inmediatez entre el Comandante y sus hombres que surge al escuchar su palabra, a través de sistemas radioeléctricos y sonoros, eleva la moral de los efectivos que deben cumplir su misión.

     Pero también permite el desarrollo de consecuencias no deseadas conocidas como acciones psicológicas. Toda guerra y aún los amagos de hostilidades pueden dar lugar a una "Rosa de Tokio", que en realidad fue un nombre genérico inventado por los soldados americanos destinados al Pacífico, ya que ese rol fue ocupado, alternativamente, por varias locutoras (17) 

     Patton opinaba que los generales debían mantener el contacto con sus hombres y dirigirse al frente por el camino de las tropas, adelantándose a ellas, para dar el ejemplo.

     El general aconsejaba que para el regreso se eligiera una ruta poco transitada, para evitar ser reconocido y generar posibles situaciones de confusión o pánico.

     Pero en todo momento, aseguraba el veterano militar, se debía arengar a los soldados utilizando palabras y locuciones muy rudas porque, a su juicio, ese era el léxico adecuado (exornación) para motivar sus afectos y movilizar su voluntad. Es muy conocida la irreproducible respuesta atribuida a Patton cuando alguien le preguntó: ¿A donde va mi general?

     En resumen la oratoria militar es el arte de utilizar la palabra en forma creativa, elocuente y persuasiva a través de una expresión oral y gestual adaptada a las circunstancias. Ello implica el conocimiento y adecuado manejo de la preceptiva oratoria y la valoración psicológica de los distintos auditorios (18). 

     El manejo de la palabra que convence a la razón, enciende las pasiones y moviliza la voluntad de los hombres está vinculada, desde tiempos antiguos, con la profesión castrense y constituye, además, una de las cualidades necesarias para acceder a la carrera de las armas (19).

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Referencias

1) aut. cit., Diálogos del Orador, Emecé Ed. 1943, pág. 106.

2) Beristáin, Helena, Diccionario de Retórica y Poética, Porrúa S.A. 1995 Refiriéndose a la argumentación la define como "Parte -la más importante del discurso oratorio- porque en ella se concentra y resume la materia de que trata el discurso, la cual consta de una o más pruebas deductivas ... que se basan en los datos de la causa y que sirven para demostrarla".

3) Perelman, Ch, La lógica jurídica y la nueva retórica, Ed. Civitas, Madrid,  1988.

4) Ross, Alf, Sobre el Derecho y la Justicia, Eudeba s/f.

5) Aristóteles, El Arte de la Retórica, Eudeba 1978, pág. 41, "... es evidente que es propio de la Retórica conocer tanto lo que es apto para persuadir como lo que parece serlo ..."

6) Berlo, David. K, El Proceso de la comunicación, El Ateneo, 1979, pág. 10/11 "... nuestro principal propósito es reducir las probabilidades de ser un sujeto a merced de fuerzas externas, y aumentar las probabilidades de dominarlas. Nuestro objetivo básico en la comunicación es convertirnos en agentes efectivos. Es decir, influir en los demás, en el mundo físico que nos rodea ... En resumen, nos comunicamos para influir y para afectar intencionalmente".    

7) Manual del Ejercicio del Mando (M65-1 Ejército Argentino 1969. Introducción, pág. II) "Mando: Es la acción que ejerce el Jefe sobre los hombres que le están subordinados con el objeto de dirigirlos, persuadirlos e influir sobre ellos de tal manera de obtener su voluntaria obediencia, confianza, respeto y leal y activa cooperación tanto en el desempeño de una función como en el cumplimiento de una misión".

8) Barcia, Roque, Sinónimos castellanos, Edición póstuma, 1944, voz cit., "...un sofisma tal vez convence, pero rara vez persuade; el atractivo que inclina al vicio, persuade, pero no convence; por eso, para atropellar la razón o la justicia, procura inutilmente la voluntad deslumbrar al entendimiento; esto es, no están de acuerdo el convencimiento y la persuasión".

9) Cebeira, Alberto J., El Orador y los Medios, "La Revista", de la Escuela Superior de Guerra, Nº 529 Abril-Junio/98.

10) Rojas, Ricardo, el Santo de la Espada, Losada 1940, pág. 129: "Al concluir el año 1816 vinieron a Mendoza varios caciques trayendo informes para San Martín, y éste los recibió en el campamento de Plumerillo. Reunidos allí el general y los caciques en círculo [...] aquel les dijo por intermedio del lenguaraz Guajardo: "Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio, voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados y para ello pasaré los Andes con mi ejército y con esos cañones ... Los plenipotenciarios araucanos, fornidos y desnudos, "con olor a potro", prorrumpieron en alaridos y aclamaciones al "indio" San Martín, a quien abrazaban prometiéndole morir por él".

11) R.P. Zoni, César P., Manual del Orador Militar, Escuela Naval Militar 1959, pág. 10 "Si para algunas profesiones liberales, la oratoria es un adorno o alguno de los medios para el logro de los fines propuestos, para el militar es una necesidad. Una necesidad impuesta por sus funciones esenciales".

12) R.P. Zoni, César P.,op. cit., pág. 49 y ss.

13) Vizconde de Cormenin, Libro de los Oradores, Ed. Pluma de oro 1941.

14) aut. y op. cit., pág. 172 "... la mayor parte de los caudillos que capitaneaban nuestros ejércitos tenían más valor que literatura, y se entendían mejor en vencer que en hablar. Por otra parte no se hablaba a la sazón sino se cantaba, y la Marsellesa ganó más batallas que pudieran podido hacerlo los más elocuentes discursos".

15) Lucio V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles, Capítulo 1967, pág. 135 "Mariano Rosas tiene la fama de un orador de nota. Cuando lleguemos a su toldo [...] será ocasión de comprobarlo con ejemplos palmarios, probando a la vez que hasta entre los bárbaros la elocuencia unida a la prudencia puede disputarle la palma con éxito completo al valor y a la espada".

16) Franklin, Benjamín, Autobiografía, Moderna s/a, pág. 428, "... Los indios, de jóvenes, son cazadores y guerreros; de viejos, consejeros. Todo su gobierno está regido por el consejo de los sabios. No hay ejércitos, ni prisiones, ni policía que ordene la obediencia ni inflija castigos. De aquí el estudio general de la oratoria. El mejor orador goza de más influencia ..."

17) Internet.  El 22 de febrero de 1944 se captó la siguiente emisión proveniente de una radio japonesa: "Hola que tal Enemigos... ¿Qué tal las trampas? Aquí está Ann de Radio Tokio y nosotros estamos justamente para comenzar nuestro programa regular de música, noticias y la Hora Cero, para nuestros amigos... quiero decir ¡nuestros enemigos!... en Australia y el Pacífico Sur ... así que estén en guardia, y quieran que los niños no estén escuchando!... ¿Todo listo?... Okay aquí está el primer ataque a su moral ... la Boston Pops... tocando Strike Up the Band..."

18) Cuando avistaron el poderoso ejército persa, muy superior al suyo, Alejandro consigue mantener la confianza de diciendo: "Por fin los encontré, ahora no se me escaparán". Es de suponer que una cita tan breve, agresiva y contundente circularía con fidelidad y rapidez entre sus hombres.

19) Perfil básico del Subteniente al egreso, punto 10: "El subteniente deberá poseer una profunda vocación militar evidenciada en las siguientes cualidades: ... 10. Capacidad de expresión oral y escrita para satisfacer exigencias personales y profesionales".

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