Julio César
(Acto III – Escena segunda)
William Shakespeare
Vengo a inhumar a César
Marco
Antonio
(Marco Antonio (Roma, 14 de enero de 83 a. C.-Alejandría, 1 de agosto de
30 a. C.) fue un militar y político romano de la época final de la República, conocido
también como Marco Antonio, el Triunviro. Fue un importante colaborador de
Julio César durante la guerra de las Galias y la segunda guerra civil).
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CIUDADANO 2º.—¡Silencio!
¡Escuchemos lo que Antonio diga!
ANTONIO.—¡Amables romanos!…
CIUDADANO.—¡Eh, silencio!
¡Oigámosle!
ANTONIO.—¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme
atención!
¡Vengo a inhumar a César, no a ensalzarle!
¡El mal que hacen los hombres les sobrevive!
¡El bien queda frecuentemente sepultado con sus huesos!
¡Sea así con César!
El noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si lo
fue, era la suya una falta grave y gravemente lo ha pagado.
Con la venía de Bruto y los demás —pues Bruto es un
hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados— vengo a hablar en
el funeral de César.
Era mi amigo, para mí leal y sincero, pero Bruto dice que
era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado.
Infinitos cautivos trajo a Roma, cuyos rescates llenaron
el tesoro público. ¿Parecía esto ambición en César?
Siempre que los pobres dejaran oír su voz lastimera,
César lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura!
No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un
hombre honrado.
Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres
veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición?
No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y,
ciertamente, es un hombre honrado.
¡No hablo para desaprobar lo que Bruto habló! ¡Pero estoy
aquí para decir lo que sé! Todos le amasteis alguna vez, y no sin causa.
¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no llevarle
luto? ¡Oh raciocinio! ¡Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los
hombres han perdido la razón!
¡Toleradme! ¡Mí corazón está ahí, en ese féretro, con
César, y he de detenerme hasta que torne a mí!…
CIUDADANO 1º.—Pienso que tiene
mucha razón en lo que dice.
CIUDADANO 2º.—Si lo consideras
detenidamente, se ha cometido con César una gran injusticia.
CIUDADANO 4º.—¿Habéis notado sus
palabras? No quiso aceptar la corona. Luego es cierto que no era ambicioso.
CIUDADANO 1º.—¡Si resulta, les
pesará a algunos!
CIUDADANO 2º.—¡Pobre alma! ¡Tiene
enrojecidos los ojos por el fuego de las lágrimas!
CIUDADANO 3º.—¡En Roma no existe
un hombre más noble que Antonio!
CIUDADANO 4º.—Observémosle ahora.
Va a hablar de nuevo.
ANTONIO.— ¡Ayer todavía, la palabra de César hubiera podido
hacer frente al universo!
¡Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le
reverencie!
¡Oh señores! Si estuviera dispuesto a excitar al motín y
a la cólera a vuestras mentes y corazones, sería injusto con Bruto y con Casio,
quienes, como todos sabéis, son hombres honrados.
¡No quiero ser injusto con ellos! ¡Prefiero serlo con el
muerto, conmigo y con vosotros, antes que con esos hombres tan honrados!, pero
he aquí un pergamino con el sello de César. Lo hallé en su gabinete y es su
testamento.
¡Oiga el pueblo su voluntad —aunque, con vuestro permiso,
no me propongo leerlo— e irá a besar las heridas de César muerto y a empapar
sus pañuelos en su sagrada, sangre! ¡Sí! ¡Reclamará un cabello suyo como
reliquia, y al morir lo transmitirá por testamento como un rico legado a su
posteridad!
CIUDADANO 4º.—¡Queremos conocer
el testamento! ¡Leedlo, Marco Antonio!
TODOS.—¡El testamento! ¡El
testamento! ¡Queremos oír el testamento de César!
ANTONIO.— ¡Sed pacientes, amables amigos!
¡No debo leerlo!
¡No es conveniente que sepáis hasta qué extremo os amó
César!
Pues siendo hombres y no leños ni piedras, ¡sino
hombres!, al oír el testamento de César os enfureceríais llenos de
desesperación.
Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus
herederos, pues si lo supierais, ¡oh!, ¿qué no habría de acontecer?
CIUDADANO 4º.—¡Leed el
testamento, queremos oírlo! ¡Es preciso que nos leáis el testamento! ¡El
testamento!
ANTONIO.— ¿Tendréis paciencia?
¿Permaneceréis un momento en calma? He ido demasiado
lejos al deciros esto.
Temo agraviar a los honrados hombres cuyos puñales
traspasaron a César. ¡Lo temo!
CIUDADANO 4º.—¡Son unos
traidores! ¡Hombres honrados!
TODOS.—¡Su última voluntad! ¡El
testamento!
ANTONIO.—¿Queréis obligarme entonces a leer el testamento?
Pues bien: formad círculo en torno del cadáver de César y
dejadme enseñaros al que hizo el testamento.
¿Descenderé?
¿Me dais vuestro permiso?
TODOS.—¡Bajad!
CIUDADANO 2º.—¡Descended!
(Antonio desciende de la tribuna)
CIUDADANO 3º.—Estáis autorizado.
CIUDADANO 4º.—Formad círculo.
Colocaos alrededor.
CIUDADANO 1º.—¡Apartaos del
féretro, apartaos del cadáver!
CIUDADANO 2º.—¡Lugar para
Antonio, para el muy noble Antonio!
ANTONIO.— ¡No, no os agolpéis encima de mí! ¡Quedaos a
distancia!
VARIOS CIUDADANOS.—¡Atrás!
¡Sitio! ¡Echaos atrás!
ANTONIO.— ¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas!
¡Todos conocéis este manto!
Recuerdo cuando César lo estrenó.
Era una tarde de estío, en su tienda, el día que venció a
los de Nervi.
¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha
abrió el implacable Casca! ¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto! ¡Y al
retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse
lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan
inhumanamente abría la puerta!
¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César!
¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César!
¡Ése fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el
noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los
brazos de los traidores, le anonadó completamente!
¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el
rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo,
que se inundó de sangre!
¡Oh, qué caída, compatriotas!
¡En aquel momento, yo, y vosotros y todos caímos, y la
traición sangrienta triunfó sobre nosotros!
¡Oh, ahora lloráis y percibo sentir en vosotros la
impresión de la piedad!
¡Esas lágrimas son generosas!
¡Almas compasivas!
¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la
desgarrada vestidura de César?
¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, acribillado, como veis,
por los traidores!
CIUDADANO 1º.—¡Oh lamentable
espectáculo!
CIUDADANO 2º.—¡Oh noble César!
CIUDADANO 3º.—¡Oh desgraciado
día!
CIUDADANO 4º.—¡Oh traidores,
villanos!
CIUDADANO 1º.—¡Oh cuadro
sangriento!
CIUDADANO 2º.—¡Seremos vengados!
TODOS.—¡Venganza!… ¡Pronto!…
¡Buscad!… ¡Quemad!… ¡Incendiad!… ¡Matad!… ¡Degollad!… ¡Qué no quede vivo un
traidor!…
ANTONIO.— ¡Deteneos, compatriotas!…
CIUDADANO 1º.—¡Silencio! ¡Oíd al
noble Antonio!
CIUDADANO 2º.—¡Le escucharemos!
¡Le seguiremos! ¡Moriremos con él!
ANTONIO.— ¡Buenos amigos, apreciables amigos, no os excite
yo con esa repentina explosión de tumulto!
Los que han consumado esta acción son hombres dignos.
¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo?
¡Ay! Lo ignoro.
Ellos son sensatos y honorables, y no dudo que os darán
razones.
¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones!
Yo no soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un
hombre franco y sencillo, que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que
públicamente me dieron licencia para hablar de él.
¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni
estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los
hombres!
Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis.
¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres,
pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen de mí!
¡Pues si yo fuera Bruto y Bruto fuera Antonio, ese
Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de
César, capaz de conmover y levantar en motín las piedras de Roma!
TODOS.—¡Nos amotinaremos!
CIUDADANO 1º.—¡Prendamos fuego a
la casa de Bruto!
CIUDADANO 3º.—¡En marcha, pues!
¡Venid! ¡Busquemos a los conspiradores!
ANTONIO.— ¡Oídme todavía, compatriotas! ¡Oídme todavía!
TODOS.—¡Silencio, eh!… ¡Escuchad
a Antonio!… ¡Muy noble Antonio!
ANTONIO.— ¡Amigos, no sabéis lo que vais a hacer!
¿Qué ha hecho César para así merecer vuestros afectos?
¡Ay! ¡Aún lo ignoráis!
¡Debo, pues, decíroslo! ¡Habéis olvidado el testamento de
que os hablé!
TODOS.—¡Es verdad! ¡El
testamento! ¡Quedémonos y oigamos el testamento!
ANTONIO.— Aquí está, y con el sello de César. A cada
ciudadano de Roma, a cada hombre, individualmente, lega setenta y cinco
dracmas.
CIUDADANO 2º.—¡Qué noble César!
¡Vengaremos su muerte!
CIUDADANO 3º.—¡Oh regio César!
ANTONIO.— ¡Oídme con paciencia!
TODOS.—¡Silencio, eh!
ANTONIO.— Os lega además todos sus paseos, sus quintas
particulares y sus jardines recién plantados a este lado del Tíber. Los deja a
perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos como parques públicos para que os
paseéis y recreéis.
¡Éste era un César!
¿Cuándo tendréis otro semejante?
CIUDADANO 1º.—¡Nunca, nunca!
¡Venid! ¡Salgamos! ¡Salgamos! ¡Queremos su cuerpo en el sitio sagrado e
incendiaremos con teas las casas de los traidores! ¡Recoged el cadáver!
CIUDADANO 2º.—¡Id en busca de
fuego!
CIUDADANO 3º.—¡Destrozad los
bancos!
CIUDADANO 4º.—¡Haced pedazos los
asientos, las ventanas, todo!
(Salen los Ciudadanos con el Cuerpo)
ANTONIO.— ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie!
¡Toma el curso que quieras!
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Glosario
amotinamiento:
dicc. nombre masculino. Sublevación contra la autoridad establecida.
brecha: dicc. 1.
Abertura o rotura irregular en una superficie, especialmente la que un ejército
hace en las defensas enemigas."el iceberg abrió una brecha de 90 metros
que inundó inmediatamente seis de los compartimentos estancos". 2. ...
cautivos: dicc.
adjetivo/nombre masculino y femenino. 1. [persona, animal] Que vive retenido
por fuerza en un lugar. "cautivo de los enemigos; una paloma cautiva".
dracma: dicc.
nombre ambiguo. 1. Unidad monetaria de Grecia. 2. Moneda con el valor de esta
unidad.
estío: dicc.
nombre masculino. formal. Verano.
inhumar: dicc.
verbo transitivo. Enterrar el cadáver de una persona. del latín inhumare ‘poner
en tierra’, derivado de humus ‘tierra’.
Lupercales:
nombre femenino plural. Fiestas anuales que se celebraban en la antigua Roma en
honor del Fauno Luperco, semidiós protector de los rebaños. "las
lupercales se celebraban cada 15 de febrero".
nervi: Wiki. Los
Nervi fueron la tribu más poderosa de la Galia belga, que vivió en el área del
Escalda en el siglo I a.J.C. Según Tácito y Estrabón, eran de origen germánico
y se establecieron en esta área alrededor del año 100 a.J.C.
Pompeyo: Wiki.
Cneo Pompeyo o Cneo Pompeyo Magno (en latín, Gnaeus Pompeius Magnus; Piceno,
106-Pelusio, 48 a.J.C.), también conocido como Pompeyo el Grande o Pompeyo el
Triunviro, fue un político y general romano.
tea: dicc. nombre
femenino 1. Astilla de madera empapada en resina que se enciende para alumbrar
o para prender fuego. "entraron en la cueva alumbrándose con una tea; el
régulo Orisson obtuvo una importante victoria al lanzar carros con teas
encendidas contra las tropas dirigidas por Amílcar Barca".
Tiber: Wiki. El río Tíber (en italiano Tevere) es el tercer río más
largo de Italia (después de los ríos Po y Adige), con una longitud de 405 km.
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