Historia de la estupidez humana (II)
Paul Tabori
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Los procesos individuales a animales "culpables" eran muy distintos. En ellos, el juez aplicaba el antiquísimo principio del ius talionis: ojo por ojo, diente por diente.
Si era posible aplicar penas in absentia, o aun castigar a los cadáveres, ¿por qué no se podía castigar a las bestias criminales? La sombría concepción de la retribución y de la disuasión exigía dicho castigo: ¿Acaso la Diosa de la Justicia no tenía los ojos cubiertos por una venda? Indudablemente, no podía o no quería ver si el hacha del verdugo caía sobre un hombre o una bestia.
E. P. Evans consagró al tema todo un libro. en The Criminal Persecution and Capital Punishment of Animáis (Londres, 1906) dedica diez páginas a enumerar los libros y estudios que se ocupan del problema; y en los últimos cincuenta años han aparecido docenas de obras consagradas a la exploración de esta extraña región de la experiencia humana.
La primera sentencia de que se tiene noticia fue fallada en 1266 contra un cerdo; la última fue la condena a muerte de una yegua, en 1692. La serie de procesos increíblemente grotescos se prolongó durante más de cuatro siglos. Se han conservado más de noventa protocolos e informes auténticos Si se tiene en cuenta la tremenda devastación producida por incendios, guerras, y por el descuido general de la humanidad, se trata de una cifra extraordinaria.
La mayoría de los casos ocurrieron en Francia, pero también hay ejemplos en Alemania, Suiza e Italia. No hay muchos datos fidedignos sobre los casos británicos, pero algunas líneas de Shakespeare demuestran que la ejecución judicial de animales no era rara.
En El mercader de Venecia, Graciano ataca en estos términos al despiadado Shylock: "Tu alma feroz animaba sin duda a un lobo que, ahorcado por haberse comido a un hombre, dejó escapar de la horca su alma cruel y fue a hospedarse en tu cuerpo mientras te hallabas en las entrañas de tu impía madre".
El proceso criminal incumbía al tribunal competente. El fiscal de la Corona desarrollaba la acusación. A veces se suministraba defensor al acusado. Se citaba a los testigos, y en ocasiones se examinaba el teatro del crimen; por supuesto, se tomaba cuidadosa nota de todas las actuaciones. A veces, de acuerdo con ciertas reglas de procedimiento, se torturaba al cerdo acusado, y sus chillidos de dolor eran considerados confesión de la culpa.
Durante el proceso el animal acusado estaba sometido a confinamiento solitario, en las mismas cárceles, al cuidado de los mismos guardianes que los delincuentes humanos. De acuerdo con los recibos oficiales, las autoridades asignaban la misma suma para el mantenimiento de los animales que para los hombres.
Existía solo una dificultad. Según las reglas, debía llevarse registro de los prisioneros. ¿Qué nombre aplicar a los animales encarcelados? El espíritu burocrático exigía satisfacción; de modo que los presos cuadrúpedos eran registrados bajo el nombre de su dueño; por ejemplo, el "cerdo de X. Y.".
Si durante el proceso se probaba la culpabilidad del acusado, el tribunal dictaba sentencia. En un caso ocurrido en 1499 la sentencia fue leída al animal, con toda formalidad, en la prisión donde transcurrían sus tristes y nerviosos días de arresto. Se lo acusaba de asesinato, y fue debidamente ejecutado.
Entre los métodos de ejecución, se consideraba a la horca el más vergonzoso. Pero había casos todavía más graves, en que el animal había destrozado o corneado a su víctima con "particular crueldad". Para castigar estos crímenes se quitaba la vida al maligno animal con los métodos más severos. En 1463 dos cerdos fueron enterrados vivos; en 1386 un cerdo fue llevado al sitio de la ejecución en un trineo de madera.
El verdugo ejecutaba públicamente la sentencia de muerte, y lo hacía con el mayor formalismo. Por lo demás, recibía sus honorarios habituales. En los archivos de Meulan, Francia, se ha conservado una cuenta de gastos relacionada con la ejecución de un cerdo, en 1403. El importante documento dice así:
"Por alimentos para el cerdo encarcelado, 6 groats de París.
"ítem: pago al verdugo que viajó desde París para ejecutar la sentencia, por orden del Juez, 54 groats de París.
"ítem: alquiler del carro que llevó al cerdo al lugar de ejecución, 6 groats de París.
"ítem: por la cuerda para atarlo y amordazarlo, 2 groats de París y 8 denarios.
"ítem: por guantes, 2 denarios de París".
La cuenta de gastos demuestra que el verdugo usó guantes como si hubiera estado ejecutando a un criminal humano. A veces se cortaba el hocico del cerdo, y sobre la cabeza desfigurada se colocaba una máscara de facciones humanas; y a veces se vestía al animal con chaqueta y briches, para que la ilusión fuera mayor.
La mayoría de los acusados eran cerdos, lo que demuestra el fantástico descuido de los padres, que merecían una buena azotaina, pues las víctimas eran casi siempre niños. Según parece, los toros y los caballos se comportaban mucho mejor y más raros aún eran los casos en que se acusaba a mulas y a asnos. En 1462 ahorcaron a un gato porque había muerto a un niño en la cuna.
Cuando se trataba de delitos menores, el animal acusado evitaba la sentencia de muerte. En 1395 se dictó en Cerdeña una ley sobre los asnos que se introducían en prados prohibidos. La primera vez se cortaba una oreja del delincuente; si la bestia se mostraba obstinada y reincidía, le cortaban la otra oreja. Fue quizás el único caso de la historia del mundo en que una pena concebida con el propósito de provocar sufrimiento, adoptaba la forma de eliminación de las orejas asnales, en sí mismas símbolos de desgracia.
Se conocen escasos detalles sobre el proceso ruso contra un carnero recalcitrante aficionado a atropellar a la gente. Solo sabemos que la agresiva bestia fue condenada a exilio en Siberia. No han quedado testimonios sobre el modo de ejecución de la sentencia, ni sobre la suerte ulterior del carnero, condenado a comer el amargo pan del exilio.
En cambio, conocemos mejor lo ocurrido al perro que mordió a un regidor en cierta aldea de la Baja Austria. El dueño del perro demostró su inocencia y fue absuelto; pero el perro debió expiar su culpa. Fue condenado a un año y un día de cárcel. Para que el castigo fuera más severo, no debía cumplirse en la cárcel común, sino en una jaula colocada en la plaza del mercado. La jaula de hierro recibía, el nombre de Narrenketterlein (La jaulita de los tontos); servía de picota y era utilizada para albergar a delincuentes expuestos a la burla pública.
A veces se suscitaban graves choques de autoridad y de competencia. En 1314 un toro atravesó enfurecido la aldea francesa de Moisy, y corneó a un hombre. El conde de Valois, cuya propiedad limitaba con la aldea, se enteró del caso y ordenó el "arresto" del toro, y dispuso que se le iniciara juicio criminal. Los emisarios del conde fueron a Moisy y comenzaron una investigación en regla. Interrogaron a varios testigos y el toro fue hallado culpable de asesinato intencional. El tribunal feudal del conde pronunció la sentencia y el toro fue ahorcado en el patíbulo de la aldea.
Pero en este punto el alcalde y los regidores de la aldea comprendieron que el conde de Valois no tenía derecho a adoptar tan grave actitud fuera de su propiedad. Se apeló la sentencia y se pidió al parlement del condado que revisara la sentencia. El parlement se vio en un aprieto, pues los aldeanos tenían razón; por otra parte, era un tanto peligroso desafiar al poderoso conde. Finalmente, se aprobó una resolución sensata y prudente, en virtud de la cual se decretaba que el conde no tenía derecho a interferir en la jurisdicción de la aldea, pero que, por otra parte, el toro había merecido la horca.
Hay también pruebas de la magnanimidad y del perdón reales.
En septiembre de 1379, tres cerdos, apacentados en el prado de la aldea de Jussey, atacaron al hijito del porquero y lo destrozaron. El hecho causó tremenda conmoción, los cerdos huyeron asustados y en la confusión la piara del señor feudal vecino se mezcló con la piara de la aldea. Con el propósito de calmar la indignación del pueblo, el alcalde ordenó una investigación criminal, y encerró a las dos piaras en una gran pocilga. Sin embargo, una vez tranquilizados los ánimos, tanto el señor feudal como los regidores de la aldea reflexionaron más serenamente sobre el problema.
El duque de Borgoña era el juez supremo de la región; era muy posible que no se contentara con el castigo de los tres principales delincuentes, y que ordenara la ejecución de los dos rebaños, acusados de complicidad. En tal caso las pérdidas serían muy considerables, pues estaba prohibido vender o comer la carne de animales ejecutados; sus cadáveres eran arrojados a los perros o enterrados al pie del patíbulo. De modo que el alcalde de la aldea se fue derecho a ver a su señor, Felipe el Temerario, duque de Borgoña. Su intervención alcanzó el éxito esperado, pues el duque perdonó graciosamente a los restantes animales. El juez presidente del tribunal ducal recibió orden de contentarse con la ejecución de los tres principales acusados, mientras los otros "a pesar de hallarse presentes en el momento del horrible asesinato" eran puestos en libertad, como mero acto de perdón.
No es tarea fácil descifrar el antiguo y complicado lenguaje jurídico de un caso de esta naturaleza; pero puede servir de ejemplo de la extraordinaria seriedad con que se encaraban estos juicios a animales. Aquí, el acusado fue también un cerdo una puerca, para ser exactos acusada, conjuntamente con sus seis lechones, de haber provocado la muerte de un niño de cinco años.
Ocurrió en Savigny, dentro de los límites señoriales de la condesa viuda de Savigny. Citóse también al propietario de la marrana, en su carácter de coacusado, pero no se le impuso ninguna pena. He aquí el texto del acta: "Ante nosotros, el noble Justicia Nicolás Quarroillon, se realizó una audiencia en Savigny, el 10 de enero de 1457, en presencia de los testigos nombrados y debidamente convocados.
"Martin Huguenin, letrado de Madame de Savigny, acusa a Jean Bailly, residente de Savigny, de negligencia culpable, pues una puerca y seis lechones, de propiedad del mencionado Bailly, y que ahora están bajo la custodia de Madame de Savigny, el martes anterior a la última Navidad asesinaron voluntaria y maliciosamente a cierto Jean Martin, un niño de cinco años de edad.
Como el letrado antes mencionado desea que el tribunal de la arriba mencionada Madame de Savigny haga justicia, preguntamos al acusado si desea declarar en el asunto de la puerca y de los lechones.
Después de haber sido prevenido una, dos y tres veces, y contestado que hasta el momento no formulaba ninguna objeción contra la autoridad del tribunal, y que podía declarar lo que quisiera sobre el caso de la culpabilidad y del castigo de la puerca arriba mencionada: el acusado declaró que nada tenía que decir; después de lo cual, el letrado arriba mencionado nos pidió que sin más trámites falláramos el caso.
"Por consiguiente informamos a todos aquellos a quienes pueda interesar que hemos pronunciado la siguiente sentencia: "Visto que los hechos que la parte acusadora nos ha presentado están completamente probados, y con referencia a las costumbres legales y a las leyes del ducado de Borgoña, afirmamos y declaramos que la puerca de propiedad de Jean Bailly deberá ser colgada de las dos patas traseras en el patíbulo levantado sobre el territorio de la arriba mencionada Madame de Savigny.
En cuanto a los lechones de la arriba mencionada puerca, declaramos aquí que aunque se halló a dichos lechones cubiertos de sangre, la culpabilidad de los mismos no está suficientemente probada, de modo que deberá abrirse juicio por separado, y se los remitirá en custodia de Jean Bailly, hasta la fecha del nuevo proceso, siempre que Jean Bailly deposite una garantía de cien groats, para el caso de que se falle la culpabilidad de los lechones.
"Después de pronunciado el fallo, el letrado arriba mencionado solicitó que fuera pasado por escrito, por lo cual yo, Huguenin de Montgachot, notario de la corte de Su Alteza el duque de Borgoña, he redactado este documento, el día más arriba señalado y en presencia de los testigos nombrados. Ita est".
Con referencia a este complejo asunto, el bravo Montgachot, notario de la corte de Su Alteza, debió redactar tres documentos más. Uno de ellos era la declaración de Jean Bailly, propietario de los animales, que declaró carecer de un solo groat para formar la fianza requerida, y que afirmó también que no estaba dispuesto a garantizar la futura conducta de los lechones.
El segundo protocolo se refiere a la ejecución de la vieja puerca, y atestigua que se desarrolló correctamente. Más interesante aún es el tercero, que resolvió la situación de los lechones, ahora huérfanos. El segundo proceso se realizó el 2 de febrero, con el mismo juez y en presencia de los mismos testigos.
La sentencia reveló considerable sabiduría. En ella se afirmaba que, como el propietario de los lechones no estaba dispuesto a depositar la fianza, debía considerarse que los animalitos habían sido abandonados, y eran bienes mostrencos, por lo cual correspondía entregarlos a Madame de Savigny.
De modo que todos quedaron satisfechos. El campesino que criaba cerdos evitó pagar compensación, la señora del feudo se apropió de los lechones, los funcionarios recibieron sus honorarios, y los jóvenes lechones triunfaron sin detrimento de su buen nombre y honor.
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Glosario
azotaina: Serie de azotes o golpes no muy fuertes dados como castigo.
Ita est: significa "así es". Se usa para confirmar un algo,
piara: nombre femenino 1. Manada de cerdos o jabalíes. "una piara de cerdos chapotea tercamente sin hacer caso de las voces del pastor que intenta sacarlos del agua; al anochecer, la piara de jabalíes sale a buscar alimentos"- 2. Manada de caballos, yeguas o mulas.
picota: nombre femenino. 1.Columna, generalmente situada a la entrada de los pueblos, que se utilizaba para exponer los reos a la vergüenza pública, y las cabezas de los ajusticiados para que sirviesen de escarmiento. 2. COLOQUIAL Pico de una torre o montaña muy alta.
protocolo: nombre masculino 1. Conjunto de reglas de formalidad que rigen los actos y ceremonias diplomáticos y oficiales. "cumplir con el protocolo". 2. Conjunto de reglas de cortesía que se siguen en las relaciones sociales y que han sido establecidas por costumbre. "una visita de protocolo; el protocolo dice que la mesa es presidida por la persona más importante".
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Paul Tabori
(1908-1974)
Nació en Budapest, en 1908. Doctor en Economic and Political Science de la Universided de Budapest.
Escritor y guionista húngaro, nacionalizado británico, Paul Tabori estudió economía y participó de la vida política de Hungría e Inglaterra, antes de establecerse en EEUU, donde, además de ejercer como profesor universitario, participó en numerosas películas y series de televisión.
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